miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿The Greatest Show On Earth?

Sobre Blackest Night y Siege.

1) Partamos de una base que todos conocemos: el comic es un arte narrativo que se basa en el desplazamiento del tiempo en el espacio. O sea: un cuadrito, al lado del otro, al lado del otro, van representando momentos temporales al tiempo que configuran una página sobre la cual tenemos que desplazarnos. Es el único arte en el cual la espacialidad narrativa está tan presente, que cuenta con unidades de sentido cuya composición nos pone más difícil o más fácil la lectura. La manera en que están ordenados los cuadritos condiciona la velocidad de lectura y un buen artista es capaz de acelerar o demorar nuestra visión con pura plasticidad. Es por ello que la virtud cardinal de cualquier artista de comics, antes que ser un buen dibujante, es ser un buen story-teller (o un buen story teller empeñado en oscurecerlo).

2) En segundo lugar, hay que detenerse sobre la absoluta originalidad de ese experimento de narrativa que son los universos DC y Marvel. Prácticamente ninguna otra porción de cultura popular fantástica funciona de la manera en que, por composición de la industria, tradición y formato de producción, estos funcionan. Las características han sido reproducidas hasta el hartazgo pero vale la pena volver a mencionarlas aquí: miles de manos, personajes cuyas hazañas son seguidas durante décadas, continuo crecimiento de su bóveda intelectual, que es acompañado por un descarte de personajes por temporadas más o menos largas, enrevesadísima continuidad en donde todo (o nada) puede valer simultáneamente de acuerdo al humor del creador y editor de turno. Buffy no funciona así, Harry Potter no funciona así, Lord Of The Rings no funciona así. Quizás los ejemplos que más se acerquen sean Doctor Who o el Star Wars más amplio, que Lucas con su anal retentivismo no aprueba.



3) El tema es el siguiente: al mismo tiempo que el comic como unidad consiste en una narrativa que se expresa en un espacio temporal, los universos superheroicos consisten en una acumulación de narrativa en la cual la unidad básica es el comic book, publicado en un momento que se encadena con otros, mes a mes, acumulando a lo largo del tiempo (real, cronológico, histórico) una gigantesca historia que no es jamás totalmente descartada. Cada comic es un átomo en una construcción gigantesca que sigue creciendo e intimida por su complejidad, por su proliferación de personajes, por sus detalles, por sus eventos interminablemente renovados porque algo hay que publicar y algo hay que contar.

4) El mega-evento, entonces, no es una anormalidad. El mega-evento es la condición natural de un universo en el cual las referencias han crecido hasta tal punto de colapsar sobre sí mismas. Lo que los fanáticos quieren, ven y reclaman en el mega evento es un deseo de que la temporalidad COMPLETA de la historia de sus respectivos universos colapse sobre sí misma en un solo espacio: una mini-serie de entre 6 y 12 números. Eso es lo que fue Crisis, originalmente y por eso tuvo tanto éxito. Detrás de las altisonantes declaraciones de cambios cataclísmicos y modificaciones en los personajes lo que se oculta es un deseo pueril: queremos verlos a TODOS juntos, queremos sentir que nuestra juventud desperdiciada consumiendo ínfimas porciones de datos (como la identidad del Bug Eyed Bandit o la relación exacta entre el Absorbing Man y Titania) se vean validados por una aparición en ese gargantúa ya refinado que es el cross-over. Que se nos muestren como asuntos importantes. Que se nos haga el juego.

5) La función ostensible del cross-over, o sea, el establecimiento de un nuevo status quo en un determinado universo superheroico, fue en un principio un hecho primario pero hoy en día funciona secundariamente. El cross-over es la única forma narrativa posible mediante la cual se puede manejar con cierta racionalidad el avance de semejante monstruo de miles de cabezas que es un universo superheroico. Por la manera en que este ha acumulado piezas diversas que constituyen su cuerpo entero (cada falange de sus dedos = una historia complicadísima que debe ser reconocida en orden para dar un paso) la acumulación de personajes en un solo espacio tendiente a la saturación es la forma aceptada para mover al siguiente casillero a la entidad conocida como “Universo DC” o “Universo Marvel”.



6) Obviamente, un cross-over que llevase este pensamiento a su conclusión lógica, donde esta densidad colapsase sobre sí misma, sería incomprensible. Miles de personitas corriendo de acá para allá, cada una afectada de diversa manera por El Evento Que Nos Pone En Peligro, cada una entreverada en su propia historia, sin orden ni concierto. Una verdadera “Comedia Humana” superheroica se asemejaría bastante a la vida: caos y coincidencia, aleatoriedad e incomprensión. Es por ello que “Final Crisis”, con todas sus fallas, es un experimento de una bravura increíble porque apuesta justamente a esa destrucción progresiva del sentido. El comic superheroico como forma a caballo entre la novela realista del siglo XIX y la novela moderna del XX.

7) Es por ello, por la tentación del caos crepitante (además de por una industria naturalmente conservadora) que se ha impuesto un orden narrativo tradicional para estos eventos. Este consiste en lo siguiente: naturalidad (cada héroe en lo suyo, parece un día normal) – primeras señales de que algo anda mal (alguien desaparece, muere o es atacado) – revelación de la amenaza – rápidas y devastadoras conquistas de la amenaza que parece tener un plan infalible – descubrimiento por parte de un puñado de héroes de sus debilidades o de alguna pieza de información que les permitirá dar vuelta la tortilla – rally de las fuerzas – ataque final – triunfo que deja algunos cabos sueltos que permitirán que la maquinaria de movimiento perpetuo editorial continúe adelante. El éxito y la alegría que uno extrae de un cross-over esta dado por cuan efectivamente se encuentre montada esta estructura típica.

8) Por otro lado, la muerte todavía es considerada un elemento narrativo de peso, destinado a introducir un verdadero “evento”, a puntuar una historia con aquello que, por ser irreversible en la vida real, todavía carga un halo de importancia en el universo ficcional. Todos los cross-overs, además de sus amenazas al status quo, incluyen una o varias muertes, como para remarcar que lo que se cuenta es de algo importante, para enojar a algunos o entusiasmar a otros. Siempre se dice que estas muertes son importantes para la narrativa, pero en el fondo son elementos contingentes. En realidad pueden tener significación para un período de tiempo de 5 o 10 años en la historia total de Marvel o DC, lo cual las vuelve importantes. Pero siempre serán revertidas. En algunos casos esto será motivo de tristeza o de alegría, pero siempre teñida, en nosotros los fans, con un grado de amargura.



9) Y, así, finalmente, llegamos a lo que ostensiblemente es el tema de este post: "Blackest Night" y "Siege", los mega eventos de DC y Marvel (respectivamente) publicados entre finales del año pasado hasta mitades de este. Ambos son, como el año pasado, dos eventos que se supone fluyen orgánicamente del trabajo que sus autores habían realizado con el género en los últimos años (Brian Michael Bendis en el caso de Marvel, Geoff Johns en DC). El mecanismo perverso del cross-over, además, no permite su existencia en el vacío. Es imposible concebir un cross-over guionado por un don nadie, concebido de la nada misma. Tiene que ser el desarrollo del trabajo de su “creador” más destacado, lo cual obviamente implica una anticipación y emoción mucho mayor. El epítome de la despersonalización narrativa (obvio, los personajes importan, pero en realidad lo que interesa es el UNIVERSO) recubierto del aura dorada del creador individual, que en realidad es solo el canal por el cual transcurren los hechos y se alzan los ladrillos de la acumulación de propiedad intelectual de la compañía.

10) Del cross-over se pueden decir muchas cosas, menos que no sea efectivo. O sea: a pesar de este desglose cuidadoso y obsesivo de sus particularidades, no diremos que no nos emociona a la hora de su aparición, que, mínimamente, queremos saber lo que va a pasar. Queremos saber porque la observación de esos personajes ha ocupado una porción de nuestras propias vidas. Hemos caído, somos adictos, y el espiral de la narración superheroica nos interpela en búsqueda de un final que nunca llegará. Esa gratificación siempre diferida es aquello que nos hace pensar quizás ahora esté bueno.



11) Decía, entonces, que son producto del trabajo realizado en los últimos años por Bendis en los Avengers y por Johns en Green Lantern. De parte de Bendis, esto significa básicamente esa telenovela de espionaje y resistencia que construyó alrededor de Luke Cage y sus vengadores urbanos, escapando primero de la tecnocracia legislativa de Tony Stark y luego de la corrupción neocon de Norman Osborn. O sea: la salida a esa espiral de continuo falso realismo con ánimos de relevancia política que fue el universo Marvel en los últimos 5 años. En el caso de Johns, es el gran climax a su ampliación del universo Green Lantern hacía confines cada vez más inverosímiles que involucran anillos de diversos colores y una plétora de alienígenas al servicio de ejércitos fundados en la creencia en un sentimiento (¿religiones new age armadas?). Como se ve, dos visiones totalmente contrapuestas. Bendis es gris, cemento y concreto, responsabilidad y lucha, mientras que Johns es color, exageración, poder de voluntad y mágicas fuerzas naturales. Una postal de sus respectivos universos.

12) "Blackest Night" se suponía que, además, era una exploración de lo que significaba la muerte en un universo superheroico. En la gran cosmogonía Johnsiana, los sentimientos son 7 y cada uno tiene su batería de poder y su escuadrón de guerreros, pero la negación absoluta de ellos es la muerte (lo cual es un poco raro, pero funciona mejor de lo que debería). El problema es que semejante esbozo metafísico que podría haber significado un apuntalamiento metafórico interesante es pasada por alto. O sea: básicamente el maloso principal “puso en reserva” las miles de muertes de personajes principales en los últimos años del DCU para “aprovecharlas” y volverlos Linternas Negros (como los Pitufos) en su momento de gloria. Y la serie termina con una de esas aclaraciones recursivas, destinadas a que les falten el respeto de que “la muerte es muerte ahora”. El tema, aquello que tanto Johns (como Quesada en su primera época como editor en jefe) y tantos otros no perciben, es que una exploración de la muerte en Marvel o DC debería incorporar aquello que esta tiene de particular, que básicamente es su condición de puerta giratoria. Intentar ocultarlo o corregirlo es una empresa destinada al fracaso. Habría que SUBRAYARLO. Que denotar que siempre existe la posibilidad de que se vuelva, pero que en el fondo no se sabe a ciencia cierta. Que MEJOR que esa angustia interminable de vivir en la incertidumbre continua. Un universo sin duelo, sin procesamiento del dolor, un universo en que en cualquier momento se puede volver como gemelo malvado o zombie. Yo banco a Johns, pero el problema es que, comunmente, su ejecución no está a la altura de sus ideas.



13) Me doy cuenta que no he resumido el “argumento” de las dos principales sagas. Lo hagamos rápido. “Blackest Night”: llega la muerte en forma de batería de poder, resucita a un montón de héroes y villanos caídos que vuelven en un formato sádico y despreciable hasta que finalmente Hal Jordan y los cuerpos de color encuentran la forma de derrotar a Nekron (el avatar de la muerte). Consecuencias: un montón de héroes revividos que deben encontrar su lugar en el mundo. “Siege”: Norman Osborn finalmente sucumbe a su locura y su hubris y se decide a invadir Asgard (que se encuentra flotando sobre el medio oeste norteamericano), engañado por Loki y con el objetivo de solidificar su poder como súper policía del mundo. Consecuencias: Osborn en cana, Steve Rogers como el nuevo súper policía y una promesa de un mañana más brillante y heroico.

14) Si “Blackest Night” intenta ser metafísica, “Siege” intenta ser política. Su idea básica es que luego de años de gobiernos ficcionales (interesante y retorcido hallazgo el de Marvel: objetivamente la figura de autoridad es aquella que está a la cabeza de la fuerza de seguridad, no hay realmente “presidentes”, esos putos, en el comic de Marvel) que han coartado las libertades individuales finalmente el peor de todos comete un error mortal que hace caer por su propio peso y corrupción su administración. Quizás es una metáfora diferida del fin de la era Bush, pero semejante pretensión, la verdad, me produce vergüenza ajena de solo tipearla. Quizás lo más notorio sea la admisión de que ahora se viene una época “heroica”. ¿Y qué nos pasamos leyendo los últimos 5 años? Un nuevo subgénero, inédito: héroes en sótanos mugrosos. El intento de comentario político se ve desbaratado desde el momento en que a) está desfasado, b) su resolución solo promete un nuevo estado del campo intrínseco a la lógica del comic de superhéroes, c) el villano gigante del final es The Sentry (por otro lado, lo único bueno de este cross-over: la muerte de The Sentry finalmente libera a los lectores de tener que soportar a ese aborto espantoso y patético de personaje).



15) En definitiva, muchachos, ¿que hemos aprendido? Que los cross-overs, a pesar de sus intentos de tematizar sus eventos, solo pueden hablar de su mismos, porque la especificidad de los universos Marvel y DC vuelve incompatible cualquier comparación con el afuera. A duras penas se asemejan a otras formas de ficción fantástica, ¿qué carajo se van a asemejar a la vida real, la política, la muerte y el amor? La perversidad es que seguiremos leyéndolos (comprándolos no porque...bueno...uds saben), persiguiendo aquello que siempre diferirán: un final, un cambio en el status quo que otorgue un cierre feliz. Cuando funcionan, nos elevan el espíritu y nos muestran un mundo en el que podemos cambiar todo el sistema que nnos rodea con voluntarismo. Cuando fracasan, nos hacen pensar en nuestra inexorable mortalidad, en el momento en que el universo real consumirá todo.

martes, 28 de septiembre de 2010

Mirando Canciones

Cuando pienso en escribir sobre canciones, la primera persona que se me viene a la mente, mi modelo platónico, es Benito. Durante años mantuvo vivos dos blogs (Fuck you Tiger y Dragon Lieder) en los que habló de política y de cultura en general, pero sobre todo de música.

El gusto de Benito es omnívoro: desde noise japonés o metal escandinavo hasta folk latinoamericano, todo es apreciado, medido y procesado. Y es justo esta manera de procesarlo lo que me interesa tanto de su escritura: Benito liga cada canción íntimamente con su vida y sus recuerdos. Ninguno de estos recuerdos es demasiado particular por sí mismo: un paseo en la playa, alguna conversación de bar, una mujer que preferiríamos que no se haya ido. Son cosas que nos pasan a todos. Pero el contrapunto entre esos recuerdos y las canciones de las que habla es el que hace que todo cambie, que las cosas triviales se vuelvan especiales.
Benito, a veces, hablaba de las historias detrás de las canciones. O de las canciones como historias. Las letras son frases de personajes, o descripciones de estados de ánimo. Las letras dicen algo. Al fin y al cabo estamos hablando de canciones.
Benito es también Tüssi Dematteis, cantante de La Hermana Menor. Reflejando sus gustos, la música de LHM es, por decir lo menos, ecléctica: bossa-nova, noise, punk, rock, folk. Todo vale.
Pero lo que me importa en este caso no es tanto el sonido de las canciones, sino lo que dicen. Creo, podría aseverarlo, que las letras de LHM son las mejores que se han escrito en el rock latinoamericano en la última década. O tal vez desde siempre.
Las canciones que más me gustan de Dematteis, las que mejor le salen, tienen, siempre, temas muy adultos: hablan de personajes moviéndose de un lado a otro, pero casi nunca avanzando, como si algo los mantuviera pegados a un pasado que aún duele, pero al que también es imposible no recordar con cariño, como algo que fueron, y que tal vez aún quisieran ser, pero que nunca es posible.
Y las canciones funcionan siempre, o casi siempre, con una perfección de relojería. O más bien como un reloj que tiene, en el centro mismo de sus engranajes, una bomba a punto de estallar.

Canarios (Canarios)
La historia es simple: el cantante y una mujer cruzan el Río de la Plata, desde Montevideo hacia Buenos Aires. No se sabe si es que están relacionados de alguna manera, si es que son viejas llamas el uno para el otro, o si son solamente amigos.
Pero cada uno de los detalles de la letra, nimios en principio, son los que hacen que el viaje sea especial, como todo viaje, como toda vida, nimia en principio. Valentina es toda luz mientras fuma mirando el río, mientras cumple con uno de los mayores actos de caridad que una mujer puede cumplir: dejar que alguien la admire.
Luego, el narrador la mira mientras duerme, y toda la ternura que puede generarte alguien que quieres al dormir solo se refleja en una caricia sobre un tatuaje.


Ex (Canarios)
De nuevo, la anécdota detrás de la canción (una pareja de amigos que van, en un día soleado, a visitar un río o un lago que solían frecuentar en su niñez) es de una sencillez tal que es posible dejarla pasar de largo sin prestarle atención, y escuchar la canción solo como melodía y arreglos y ritmo.
Pero luego escuchas la respuesta de Isabel cuando le preguntan por su antigua novia, y todo tiene sentido, y todo el día cambia.
Atravesando el pueblo en plena siesta
el ruido del motor parece un insecto enloquecido
pero debajo del zumbido
la escucho murmurar
"que triste es definirse como ex"

Memorial en el cerro (Todos estos cables rojos)
Otra vez dos personas pasando una tarde muerta, otra vez son los detalles chiquitos los que hacen una atmósfera que es también un escenario, pero que es, sobre todo, un preámbulo para una de las estrofas más desoladoras que he leído:
Decís que hay gente que extrañás
y que hay gente que te gusta.
Y que hay gente que te quiere,
y no sabés por qué.


Antonio 92 (Ex)
Aquí, como en las demás canciones de esta selección, ya todo ha pasado, o aún está por pasar. O más bien ya se sabe que nada va a pasar, que toda la historia es más bien una anécdota, de las que quedan casi como un pie de página.
Aunque hay novelas hechas de pie de página.
Luego clavó una tachuela en medio de mi retrato
y no es contigo el problema, el problema soy yo
pasáme una dorixina, pasáme de largo
“Antonio dice que todo está mucho mejor”

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Modernistas 10: Kate Beaton.



Kate Beaton es la encantadorísima autora del webcomic totalmente hilarante “Hark! A Vagrant”. Darío alguna vez dijo que no tenía ninguna tira mala, cosa que creo que es mucho muy posible, habiendo revisado los archivos para ilustrar esta entrevista, para rápidamente descender en un continuo desternillarse de risa (de hecho, si la entrevista tiene demasiadas imágenes es porque no podía elegir). Sus temáticas favoritas son las ridiculeces de la historia y la re-interpretación de clásicos literarios que revelan aquello que tenían de trágico vuelto mordaz y ácido. Pero más allá de eso, es una enorme caricaturista (en el sentido clásico) y una gran guionista y estamos eternamente felices de que haya accedido a contestar unas cuantas preguntas para sus fans perdidos del cono sur.
Con uds, Kate Beaton.

1) Investigando descubrí que tenés un título en historia y antropología. ¿Cómo se transformó eso en una “carrera” en el mundo del comic?

De casualidad, en realidad, dibujo caricaturas desde que soy chica, no es como si hubiese abandonado trabajos relacionados con la universidad para comenzar a hacer arte. Cuando estaba en la universidad, dibujaba comics para el diario estudiantil. Luego, lo hacía por diversión y para hacer reír a mis amigos. Cuando finalmente les hice un sitio web, creció porque conocía alguna gente que hacía webcomics y lo linkearon, y dio vueltas. Pero creció muy rápido, sorprendentemente. Y cuándo abandoné un trabajo en el 2008, había crecido tanto que decidí darle una oportunidad full time. ¡Y aquí estamos!



2) ¿Cómo te sentís al respecto de la escena de comics alternativa contemporánea? ¿Cómo se siente llegar a ella a través de los webcomics?

Realmente no sabría qué decir, porque no sé como era antes de que yo llegase. Es muy difícil realizar una comparación o emitir un juicio sobre el modo en que funcionan las cosas, pero ha sido bueno conmigo. No creo que hubiese terminado tropezándome con ella a través de otro medio que no fuesen los webcomics.

3) Pareciera que estás más influenciada por ilustradores para niños (y literatura, e historia, obviamente) que por artistas de comics. ¿Es así?

No diría eso específicamente. Ronald Searle probablemente sea mi mayor influencia en este momento. Vos podrías estar refiriéndote a la literatura para niños porque mi trabajo frecuentemente es comparado al trabajo de Quentin Blake, pero cuando los mirás lado a lado no hay muchas similitudes más allá que la apariencia descuidada que a veces compartimos. Pero no, no tenía comic books cuando era chica y solo comencé a leerlos recientemente, así que las influencias vienen de otros lados.

4) ¿Cuál crees que es la atracción de la historia para el humor?

¡Simple! Si alguna vez sucedió algo gracioso, extraño, loco o extremo (cualquier cosa en lo absoluto) ¿qué es eso hoy más que historia?



5) ¿Quién es tu figura histórica favorita para burlarte? O, alternativamente, ¿quién pensás que tiene el mayor potencial en la historia para el humor?

Oh, las grandes personalidades, las personas poderosas, siempre son las mejores para reírse. Nadie va a cuestionarme si me burlo de Napoleon porque él era tan exagerado en todo lo que hacía que tenés vía libre, de algún modo. Además, son las figuras que la gente reconoce, así que más gente entiende la broma inmediatamente.

6) En tus comics hay siempre un juego entre “alta” cultura (historia, literatura) y “baja” cultura (hip hop, subculturas adolescentes, comic books) y sin embargo, no se siente como si chocasen. ¿Por qué tenés esa aproximación y por qué crees que funciona tan bien?

Si pensás en la historia en términos de datos y números, se siente distante de las cosas que te son familiares. Si pensás en ella como gente e historias, se vuelven identificables. En su punto más simple, la gente es la misma hoy que como siempre fue. Enamorarte y des-enamorarte, ambiciones y esperanzas, triunfan y fallan. Alta cultura, baja cultura.



7) Incluso en tus comics más garrapateados y apresurados, las expresiones faciales son frescas y graciosísimas. ¿Es esta una característica de tus comics que siempre intentás favorecer?

En algún momento a lo largo de mi vida desarrollé una habilidad para ello, pero no me di cuenta que era una fortaleza de mi trabajo hasta que la gente comenzó a decírmelo, a decir verdad.

8) Mayormente trabajás en tiras cortas e ilustraciones, ¿es una decisión consciente o te gustaría dibujar y escribir un trabajo más largo?

Jaja, oh, dios, me toma tanto tiempo tener ideas para comics cortos que creo que uno largo me mataría.

9) ¿Como es tu acercamiento a tus tiras autobiográficas? Estoy pensando en las que posteas en tu cuenta de twitpic. Pareciera que son una cosa aislada del resto de tu trabajo…

Me gusta usar twitpic para esas tiras porque son del momento, son como un twitter ilustrado. Me gusta tener cosas diferentes en lugares diferentes. Quizás no siempre pertenecen a un solo y gran bulto. Manos en diferentes frascos, ese tipo de cosas. Me gustaría hacer algo con los comics autobiográficos algún día, pero todavía no estoy segura de que.



10) ¿Y como te aproximas a las tiras en las cuales le hablas a tu “yo niña”? ¿Como un exorcismo, una especie de “Me hubiese gustado saber esto cuando era más chica”?

Los comics del “yo niño” son un viejo experimento al cual no retorno tan seguido en estos días. Solo pensé que sería interesante hacerlos, no había ninguna gran intención detrás de ellos.

11) Y, finalmente, si tuvieses que elegir una figura literaria para que fuese tu esposo, ¿a quién elegirías?

Jaja, creo que nunca antes había pensado en ello. Si eligiese a una persona ahora, probablemente sería de forma burlona.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Eureka! Escuchando los favoritos de Jim O' Rourke. (parte 1)



1) Tal vez es una costumbre un tanto perdida, pero creo que la mejor forma de conocer bandas y artistas nuevos es a través de entrevistas y notas a otros músicos. Era algo más común hace una década o más, donde las formas para conseguir música nueva eran menos y más complicadas. Lo interesante de seguir recomendaciones de otros artistas es que uno puede ignorar la maquinaria marketinera de revistas, sellos, e ir directamente al gusto de un melómano que vive en otro país y te dice "che, mirá, esto esta copado". Hay casos muy conocidos de situaciones así, como la remera de Daniel Johnston que Kurt Cobain supo usar, o también pasa cuando artistas hacen versiones (de nuevo, Daniel Johnston). Yo conocí a varias bandas a través de versiones de Yo La Tengo. Con Dario conocimos a los Parenthetical Girls a través de la versión de "Love Connection" que hace Casiotone for the Painfully Alone (y debemos un buen post acerca de Parenthetical Girls en el futuro).

2) Para los que me hayan leído o hablado conmigo, sabrán que en los últimos meses ando con una obsesión con la obra y persona de Jim O'Rourke . Esto se debe a que vi su nombre detrás de muchos proyectos que me interesaron mucho (el 'knock knock', de smog, su disco 'eureka', etc) y su posición de músico multiinstrumentista-multiuso-productor-experimentalista-etc. En las entrevistas, O'Rourke se muestra como alguien muy centrado y tranquilo, y casi siempre le preguntan "Che, y no te parece tan raro meterte en tanta cosa diferente?" y el contesta con un "Por supuesto que no". Puedo entender a que se refiere. Para O'Rourke, es todo lo mismo - producir discos, colaborar con artistas noise japoneses, sacar discos de electrónica experimental, juguetear con el pop orquestal, etc. Esto sumado a (¡seamos sinceros!) cierta crisis existencial por la que ando pasando, hace que me encuentre muy interesado en su persona y su obra.

3) Uniendo los puntos 1 y 2 me encontré con esta entrevista al músico en la célebre y genial Perfect Sound Forever, y de ahí encontré esta lista de sus discos favoritos / recomendados. Genial. Algunos artistas los conocía de nombre, la mayoría jamás los había escuchado, y el disco que más conocía (Laughing Stock, de Talk Talk) es uno de mis discos de cabecera. Una muy interesante combinación, así que decidí bajarme todos esos discos recomendados, y ahora voy a escribir un poco acerca de ellos. Son 10 discos, y el post estara dividido en dos o tres partes. Empecemos:


Luc Ferrari - Tautalogos Trois/Interupteur

(Este fue el primer disco que me baje y el primero en escuchar de esta lista. Apenas empezó, me di cuenta que este experimento de escuchar un montón de discos iba a ser complicado. Esto es duro.)

¿Quien es?
Luc Ferrari es un compositor francés de música contemporánea minimalista. A causa de sufrir Tuberculosis, no pudo ser pianista y se dedicó exclusivamente a la composición. Se fascinó con la radio y los artilugios electrónicos, siguiendo un poco la línea de Stockhausen, John Cage y otros. Estas dos obras son de 1967 y 1970, y duran 20 y 25 minutos respectivamente.
(Paréntesis personal: Ya tuve de adolescente alguna experiencia escuchando música contemporánea. Siempre consideré que escucharlos era algo bastante distinto a escuchar un disco digamos 'normal'. Esto no es pop. No es para poner de fondo. Es para escuchar con mucha atención y forma, digamos, "activa". O al menos esa es la actitud en la que intentaba encarar esos discos, aunque muchísimas veces fracasaba y escuchaba Stockhausen mientras ordenaba el cuarto. Recuerdo con cierto cariño algunas reuniones con mi tío-abuelo, pianista clásico él, donde escuchamos algunos discos de Bartok en silencio y tranquilos. Cuando terminaba cada obra, me preguntaba "Bueno, ¿Qué te dijo este lenguaje?")

¿Qué onda?
Cuando empezó la primera obra (Interrupteur) me quería matar. Era básicamente todo lo que uno puede esperarse de un autor minimalista insoportable. Drones disonantes, Pequeños ataques violentos de trompetas y cuerdas (chwaaannggg!!), clima inquietante."Ok, esto no es para mi".
La verdad me pareció muchísimo mas interesante la otra obra, "Tautologos 3". Que conste que me resulta dificilísimo hablar sobre música contemporánea, pero intentemos: Tautologos 3 es muy violenta e intensa, y tiene un montón de patrones y cambios de tempo constantes todo el tiempo. Además de la percusión, vientos y bronces hay una guitarra eléctrica y manipulaciones de cinta. Hay toda una estructura coherente, extraña y alienígena, silencios que dan a partes repetitivas y riffs cuadrados que son muy parecidos a algo que casi podría llamarse "rockero".
Repito, me cuesta horrores hablar de este tipo de música que desconozco. "Tautologos 3" me pareció super interesante, intensa, y en cierta forma extraña y sensible. No me lo esperaba. "Interrupteur", por otro lado, no me comunicó mucho.



Arnold Dreyblatt  - Animal Magnetism

¿Quien es? 
Según la Wikipedia, Arnold Dreyblatt (¡gran apellido!) es un compositor y artista visual. Estudio con La Monte Young, Pauline Oliveros y Alvin Lucier. En el lado músical, Dreyblatt inventó nuevos instrumentos, tipos de afinación, y toca un contrabajo que él mismo modifico. Su música aparentemente "se basa en armónicos". Ok, nidea de que querrá decir con eso, pero escuchemos a ver que tal

¿Qué onda?
Este disco es una de las sorpresas más agradables y de las cosas más extrañas que escuché. No se parece mucho a nada. Cuando arranca la primera canción, empieza una batería super básica y cavernicola, tocando algo muy simple, y una montaña de instrumentos entrelazados y difíciles de separar entre sí. ¿Hay vientos?¿Cuerdas?¿Una percusión por ahí?¿Un banjo?¿Qué son esos ruiditos?
Todos los músicos del ensamble tocan casi lo mismo hasta cierta cantidad de vueltas donde cambian a otra sección, y así van armando estructuras, casi canciones. Hay cierto ambiente lúdico, es música alegre, divertida, tribal y de cierta forma, amena.
El disco, dentro de sus patrones e ideas base, es bastante variado. El tema que da nombre al disco empieza con 2 minutos de unos armónicos sonando como robots aburridos, esperando alguna orden. Lentamente se agregan timbres, un bajo, un saxo haciendo drones, campanitas juguetonas. "Group Velocity" tiene una base que podrá servir para un oscuro reggaeton, con alguna melodía de sintetizador y alguien rapeando encima. Por otro lado, el uso de los vientos y saxos me recuerdan a las repeticiones de Phillip Glassy y Steve Reich. Pero de pronto hay un corto y entra algún ritmo super pegadizo y uno no puede evitar imaginarse a todos los músicos sonriendo mientras tocan. Qué cosa más extraña y genial este disco.



Talk Talk - Laughing stock

Sobre Talk Talk ya escribí en este post, y Gustavo también escribió un poco sobre ellos aquí. Una banda maravillosa, y un disco hermoso, único y personal.



Tony Conrad w/ Faust - Outside the Dream Syndicate

¿Quien es? 
Entremos en terrenos un poco más conocidos. Tony Conrad es un artista visual y músico experimental, que sacó solo este disco, acompañado por los muchachos de Faust. Fue miembro del Theatre of Eternal Music, junto a John Cale, La Monte Young, y otros, a mitad de los 60s, haciendo lo que se consideraría en el futuro música Drone. Con esos datos, uno puede tener un poco de idea de por donde va a ir este disco.

¿Qué onda?
"Outside the Dream Syndicate" tiene dos lados, cada uno durando unos 26 minutos aproximadamente. El primero, "From the Side of Man And Womankind" es de las composiciones más repetitivas que escuché. Son 25 minutos con una batería haciendo un ritmo sumamente primitivo (pum-pa-pum-pa), y al pobre bajista tocando la misma SANTA NOTA durante la duración del tema, y la toca así: tun, tun, tun, tun, tun, tun, tun, tun. Sobre esa estructura suena la viola de tony conrad, que se balancea, se mueve, se desliza relajadamente. Suena a Krautrock a full, por alguna razón: ¿La elección de timbres? ¿La estructura armónica? ¿O simplemente por como suena, por como esta grabado? no sé. Lo que sí es que esta primera pista es un tour de force, y es un poco lo opuesto a las composiciones de ferrari: Funcionan mejor como fondo, como un wallpaper sonoro, para cuando uno hace otras cosas.
El segundo "From the Side of the Machine" lado mantiene la misma idea pero mejoran todas las partes más irritantes. La batería es mucho más orgánica, siguiendo un patrón tribal con tones. El bajo toca alguna nota más (serán 2 o 3!). Y además de la viola, tenemos algunos sintetizadores que hacen muy buenos aportes, y salen y entran de a ratos. El lado dos es mucho más relajado y contemplativo, y mucho más ameno de escuchar. Mientras que el primer lado se mantiene terco en su intención y las variación son solamente las mínimas que son generados por los mismos 3 tipos tocando lo mismo todo el puto tiempo, acá hay unos ciertos relevos, bajadas de cambio y subidas. Todo muy lento y pausado, pero que se mantiene muy interesante durante todo el largo de la pista. Se supone que es un disco clásico del drone y el krautrock. Para mi no pasa mucho de ser un disco "lindo", al que seguramente se le saque más jugo con más escuchas.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La Biblioteca Inexistente (20).




1) Estremecedor (y aparentemente clásico) artículo sobre Mitchell Gaff, violador y depredador sexual, su posible liberación (es de 1995) y la imposibilidad de saber a ciencia cierta si volverá a hacerlo en algún punto de su vida. Tiene un poco de ese discurso medio new age, progresista y blando de la psiquiatría norteamericana (quizás el problema también resida en tratarlos con esa disciplina amorfa y basada en la voluntad de uno mismo), pero el continuo cambio de puntos de vista y la inseguridad básica del argumento "progresista" lo hacen un gran artículo.

2) William Gibson aporta una editorial para el New York Times donde habla de Google y como su nuevo paradigma nos envuelve pero al mismo tiempo construye algo que nos sobrepasa por mucho. Y donde, encima, no tenemos derechos. Vale la pena, sobre todo, por la concepción de identidades adultas e identidades infantiles separadas, por la posibilidad de que en el futuro seamos legión.

3) La supuesta carta que Clyde Barrow le escribió a Henry Ford para felicitarlo por sus autos. Discutida durante años como apócrifa, sin embargo tiene sentido: el primer ladrón moderno, que asaltaba bancos y utilizaba metralletas (y encima era impotente, algo muy siglo XX) por supuesto que tenía que usar un Ford.

4) Ligeramente revanchista nota que demuestra que las verduras tienen sentimientos y pensamientos como cualquier hijo de vecino. O sea: guarda vegetarianos, no son moralmente superiores a mi! Igual es simpático.

5) Los muchachos de Mindless Ones se han sumergido en una tarea maravillosa. Ya reconocidos por sus magníficos y superiores "Rogue's Review" (donde toman un villano pisoteado y piensan MUCHO en él hasta que encuentran aquello que lo conduce a la gloria) ahora se han metido con una tarea demencial y hermosa: criticar cada uno de los villanos de Batman en orden alfabético. Van por la C. Parte 1, 2, 3, 4, 5.

6) Esta encantadora niña-lobo, que se dedica a cazar animalitos, embalsamarlos y guardar sus osamentas por su hogar,encontró el cadáver del perro del vecino y se dedicó a darle el tratamiento diferencial para unirlo a su colección. Pero aparentemente es muy buena y sensible.

7) Los mejores escenarios apocalípticos, para que sientan que la oficina es un lugar bueno y hermoso y que el mundo debería continuar por muchos años más. O no.

lunes, 30 de agosto de 2010

Esto pasó de verdad

Un llamado a la memoria y la conciencia colectiva antes de que sea demasiado tarde.

Encontrar esta lista en mi reader fue muy impresionante. No solo porque entre esas 50 canciones se puede escuchar algo de la peor música hecha hasta ahora, sino porque es como ver al fantasma de mí mismo a los 16 años y adentrarse en un pozo oscuro de música que nadie quiere recordar y efectivamente nadie recuerda. Fue darme cuenta que conocía tal vez a todas las 50 bandas incluidas y que hasta recordaba claramente una buena parte de los temas después de tanto años.

No estoy hablando de bandas que la pegaron relativamente, de cosas que escucharon algunos pocos. No. Estoy hablando de mucha de la música más exitosa de esos años. Cualquiera que como yo fue adolescente en esa época (y sé que muchos de los que están leyendo lo fueron pero voy a hacer de cuenta que no para evitarles tener que admitir cosas vergonzosas, aunque sea a ustedes mismos), aunque no me crean, posiblemente escuchaba algo de todo esto.

Me acuerdo muy bien de la temporada 98-99. Fue el momento en el que toda la música que creía que escuchaba sólo yo pasó a ser conocida por todo el mundo. Había comprado el primer disco de Korn cuando tenía 12 años, poco antes de que saliera el segundo y había tenido que recorrer varias disquerías especializadas antes de encontrar una donde supieran qué les estaba pidiendo. Escuché mucho ese disco. También escuché mucho los dos siguientes. Escuchaba a Marilyn Manson desde antes de “The Beautiful People”, desde antes incluso que “Sweet Dreams” y cuando salió Antichrist Superstar ya tenía los dos discos anteriores y lo compré inmediatamente. Estaba en séptimo grado y no conocía ni a una sola persona que escuchara esas cosas. Dos años después era todo diferente.

Dos años después todos mis amigos escuchaban esa música. Dos años después de Antichrist Superstar hasta las abuelas conocían a Marilyn Manson (y posiblemente creían que comía cachorros vivos arriba del escenario o algo así). Follow The Leader de Korn había salido hacía poco, el video de “Got The Life” estaba todo el día en MTV. Y estoy diciendo que realmente todo el mundo los conocía. Todos mis compañeros de colegio conocían a estas bandas aún si no les gustaban. Y pronto se le sumarían más bandas. Y se empezaría a hablar de nu-metal y se sucederían varias generaciones de bandas copiando la misma fórmula, progresivamente peores y más genéricas. Y llenaban la rotación de MTV junto al mall punk de Blink 182 y Sum 41 y cover irónicos de hits de los 80s y el rock post grunge de Creed y otras atrocidades que pueden ver en la lista. Esta era la música de esa época, aunque no lo recuerden, aunque no lo quieran recordar, así es como sonaba el fin de los 90s, el principio de los 2000, la vuelta del siglo.

Passantino dice en la lista que en esa época Korn era el tipo de banda que uno se imaginaba que iba a recordar años después y entender por qué había sido importante, y tiene razón. Puede haber sido un brote psicótico colectivo pero por un breve momento hace ya más de una década, esta música sonó como el sonido de una generación. Todos los adolescentes que habían llegado tarde para Nirvana y el grunge creyeron momentáneamente haber encontrado su voz generacional y un montón de bandas de chicos blancos vestidos con equipos deportivos rapeando mal empezaron a recibir sus certificados de multiplatino de un día para otro. ¿Pero qué pasó con todo eso? ¿En qué momento los jóvenes despertaron de su alucinación y toda esta música pasó al olvido? ¿Por qué?

Sí, todas las épocas tienen bandas olvidadas, pero estamos hablando de una época entera que se hundió en la oscuridad, que fue eliminada de la memoria de la cultura pop tan fuertemente que ya no proyecta ninguna sombra sobre ella. Salvando las distancias y con todas las reservas necesarias comparémoslo con el grunge que es el ejemplo más cercano. El grunge terminó, pasó de moda, tuvo su backlash, pero nunca desapareció de la memoria pública. Hasta pueden relativizarlo todo lo que quieran como mucha otra gente, pero eso es admitir que sigue lo suficientemente vivo en la conciencia popular como para al menos poder discutirlo y relativizarlo. Nadie relativiza la importancia del nu-metal porque nadie jamás discute el nu-metal.

La diferencia principal es obvia. Cuando Kurt Cobain citó a Neil Young en su carta suicida bien podría haber estado hablando del grunge porque la misma bala que lo mató a él terminó definitivamente con el género que él mismo había puesto de moda. El grunge tiene una fecha de muerte oficial y es el 5 de abril de 1994. Toda una generación tenía su propio mártir pop y el resto de las bandas desaparecieron o fueron olvidadas en los dos o tres años siguientes (la gran excepción sería Pearl Jam que logró ser canonizada más allá del género y la rotación de MTV). Nadie tuvo la oportunidad de ver como como sus bandas favoritas perdían su popularidad lentamente y terminaban tocando hits viejos para fans nostálgicos ni de acusar a un Cobain gordo y cuarentón de haberse vendido o de copiarse a sí mismo en su quinceavo disco. Buenos recuerdos para todos.

El nu-metal, todo ese rock alternativo tardío, todas las bandas de mall punk y ska berreta para MTV, todas los covers irónicos, todo eso ni siquiera era un género, era un conglomerado representativo de una época de confusión, unido menos por la música que por tener un público en común, la gente que después llamaron moshers, lo que acá llamamos “alternativos” (no me reprochen sutilezas respecto a ese término, yo estuve ahí, no las desconozco, las estoy ignorando voluntariamente). Que es lo mismo que decir que eran todos los que no escuchaban teen pop. No podemos asegurar cuando nació, nadie puede determinar cuando murió. Pero, ¿murió realmente?

Algo con una existencia tan dudosa no puede tener una muerte certera y para problarlo todavía hay gente escuchando estas cosas, pero permanecen en la oscuridad. No hay dudas que no está vivo pero él mismo no lo sabe. Un género no-muerto. La mayoría de estas bandas no se separaron, todavía están ahí afuera condenadas a seguir editando eternamente discos que nadie nunca va a escuchar como Sísifos de la generación MTV. Así los fans, al contrario de los del grunge, sí vieron a sus bandas favoritas desaparecer del ojo público, pasar de moda, perder su base de público, sacar discos pésimos y cansados, intentar patéticas estratagemas mediáticas para atraer un poco de atención, separarse y juntarse a explotar la nostalgia en menos de una década (Limp Bizkit sólo sirve como ejemplo de todos esos puntos y algunos más). Hasta vieron a Korn recurrir en un último intento desesperado de entrar a algún panteón de respetabilidad a ese eterno punto de encuentro entre el público moderado y los artistas con crisis de identidad, MTV Unplugged.

Supongo que estamos en el momento justo para recordar esto con nostalgia y es cierto que vi últimamente por ahí más menciones a esta música que lo que vi por años, pero no veo la nostalgia. Yo mismo mientras estoy escribiendo esto les aseguro que siento muchas cosas pero ninguna ni se parece a la nostalgia. ¿Quién podría sentir nostalgia de No Doubt? ¿Cómo podría existir un revival de Smash Mouth? No puede pasar, no tenían suficiente de nada como para que alguien los extrañe. La primera vez fue una farsa pero una segunda vez sería una tragedia. ¿Cómo se hace un revival de Sum 41? ¿Cuándo fue la última vez que los escucharon? Háganlo ahora. Vean esto, escuchen bien como suena ahora e imagínense un revival:



“I'll never fall in line, become another victim of your conformity” cantaba el frontman más feo de la historia del rock canadiense, palabras grandes para alguien que pronto pasaría a ser conocido como “el enano que se casó con Avril Lavigne”. Y el rap. El rap. Todos querían rapear y no tengo palabras para describir lo mal que lo hacían. El rap metal/nu metal lo llevó al límite combinando lo peor de ambos mundos. Blancos de clase media rapeando mal y sin flow con la misoginia y la homofobia habituales en el hip-hop combinadas con rebeldía y angustia de adolescente tardío. Tal vez hayan sido los primeros de toda una generación de músicos blancos que cooptaron la música y la cultura negra a lo largo de toda una década en la que el hip-hop y el R&B se convirtieron en el estado normal de la música popular en Estados Unidos. Tengamos en cuenta que son incluso anteriores a Eminem y que aunque Kid Rock haya sido uno de los peores MC’s de la historia Devil Without a Cause fue 11 veces disco de platino y el disco de Eminem que más vendió tiene 9 platinos.

Otro mérito es haber sido el último acercamiento del metal a la masividad (y estoy convencido, no me obliguen a justificarlo, de que va a ser históricamente el último) cerrando una década que había empezado con dos hitos de la renovación del metal, Cowboys from Hell de Pantera y la reinvención de Judas Priest con Painkiller (interesantemente, las dos bandas habían prácticamente desaparecido para cuando el nu-metal apareció). Por supuesto que todos los metaleros clásicos lo odiaron, pero eso no cambia nada.

También coincidió con el nacimiento de la era Napster (1999-2001) marcando el final de la era de los discos multiplatino y haciendo de esta la última generación en vender millones de discos en formato físico. Fue la última generación en hacer música sin contar con internet y la primera en ver sus efectos. También creo que fue la última generación en la que las tendencias dominantes en la música a nivel masivo y comercial eran claramente reconocibles, pero al mismo tiempo, como dije más arriba, era una escena fragmentada y heterogénea, en la que muchas cosas muy diferentes terminaron amontonadas juntas, a la que ni siquiera le pudieron encontrar un nombre de verdad ni pudieron identificar y categorizar fácilmente a los fans (comparar de nuevo con el grunge), y esa es la tendencia que continuó el resto de la década.

En los próximos meses tocan en Buenos Aires Incubus, RATM y nada menos que Limp Bizkit y no tengo idea de qué sentir al respecto pero estoy seguro de que hay una buena razón para recordar esta época y esta música, no cometer los errores del pasado otra vez. Sí, piénsenlo por un segundo, Fred Durst va a estar cantando "Rollin'" en un lugar para casi 10.000 personas próximamente y acá cerca. Piensen que Ross Robinson sigue libre y produciendo con total impunidad. Vale la pena recordarlo, aunque tal vez haya ido demasiado lejos poniendo ese video de Sum 41.

jueves, 26 de agosto de 2010

La Hermana Menor en Buenos Aires

Gente, aprovecho inmundamente este espacio para promocionar lo siguiente: Una de las bandas donde participo - La Hermana Menor - Va a tocar el viernes y sábado en Argentina.

La primera fecha es en el Tío Bizarro de Burzaco (Viernes 27, 23.00 horas) junto a SUB y Fútbol.
La segunda es en el Festipulenta vol.7, junto a Prietto viaja al cosmos con Mariano, Olfa Meocorde y Revolutiva, en Zaguán Sur (Sábado 28, 22.00 horas).

Pueden escuchar algunos temas en el Myspace. Estaremos presentando nuestro nuevo disco, "Canarios", que sale en setiembre aproximadamente. Salut!

martes, 24 de agosto de 2010

Visite Baltimore 13 (Finale): Algunos Ausentes.



Tomorrow ain't promised to no one.

I ain't much for sentiment.

What the fuck you know about what I need on my mind, motherfucker? My name is on the street? When we bounce from this shit here y'all gonna go down to them corners, let them people know: word did not get back to me! Let 'em know Marlo step to any motherfucker: Omar, Barksdale, whoever. My name is my name!


Marlo Stanfield.

Marlo, realmente, nunca me cayó bien. Cumple una función importante dentro de la serie, es el salvaje con cara de loco que aparece para señalar que todo está podrido en el negocio de la droga, es el resultado final de un proceso de selección natural completamente retorcido y espantoso. Tiene un par de escenas muy buenas: aquella famosa de “My name is my name!” y su escena final, un momento de verdadero frio en los huesos, que hace que las calles de Baltimore, de noche, parezcan el lugar más infernalmente terrible de la tierra. El problema de Marlo es que, desde el principio, es un villano. Y nunca trasciende su condición de villano unidimensional. Es el mal, el sociópata, el tipo inflexible. Uno puede admirar su determinación y ambición (cuando le dicen que el cementerio está lleno de tipos que fueron rey y él contesta que lo importante es que lo fueron) pero no puede llegar a amarlo. Todo el tiempo estas esperando que le pase algo horrible. Igual demuestra que The Wire, con muy poquitos elementos, construye un villano de esos por el cual se mataría más de un guionista de comics.



Making robberies into larcenies. Making rapes disappear. You juke the stats and majors become colonels.

If that idiot worked for us, he'd be a deputy commissioner by now.


Roland "Prez" Pryzbylewski.

Prez es un desastre, el policía más caótico de la fuerza, un patoso, un inútil. Es un personaje enternecedor, y está muy bien que lo que comienza siendo un repulsivo cana de pistola rápida y golpes bajos crezca hasta un lugar en que uno lo respeta, lo aprecia y lo quiere. Al final de la serie tiene una barba, la indicación visual más obvia y ridícula de madurez, pero siendo Prez un niño grande finalmente parece moverse sin miedo a que el suelo se abra bajo sus pies. Cita a los Rolling Stones en la primera temporada (“Brown Sugar”, para ser precisos, y les pido perdón a todos aquellos a quienes ya les conté esto borracho). Es adorable y conflictuado, pero su arco argumental es un clásico “coming of age” y finalmente no sabía que decir sobre él.



I don't care if they were speaking Mandarin Chinese with a cocksucker's lisp!

Motherfucker, you are a cunt-hair away from indictment and you see fit to argue with me?

After all my puttin' my foot up people's asses to get the numbers down, he comes along and in one stroke, gets a 14 fuckin' percent decrease. Fuckin' shame it's gonna end our careers, but still.


William Rawls.

Miren, lo voy a admitir de entrada: William Rawls es un personaje chiquitito, dentro de la macro-saga que es The Wire. Pero es una debilidad. Amo a este hijo de puta. Rawls es, al principio, el jefe de operaciones del departamento de homicidios, el archienemigo de Jimmy McNulty. Es un tipo que disfruta deliciosamente de joderte, poner palos en la rueda, ajustar las estadísticas y, en general, evitar cualquier tipo de trabajo investigativo real. Tiene una sonrisa sardónica que despliega cada vez que te dice que no, que nunca jamás, que sos un chupapijas inmundo que se va a pasar el resto de su carrera anclado a un escritorio. Pero lo hace con tanto, tantísimo placer, el tipo realmente disfruta a lo grande jodiéndote. Es el hijo de puta que querríamos ser pero no nos animamos. Y, perdida por ahí, hay una escenita con Rawls, un flash, en un bar, que demuestra que The Wire levanta monumentos de caracterización con 3 segundos fugaces, que no se mencionan jamás.



Our job is to report the news, not to manufacture it.

You know what a healthy newsroom is? It's a magical place where people argue about everything, all the time.

The pond is shrinking. The fish are nervous. Get some profile. Win a prize. Maybe find a bigger pond somewhere. Whiting, Klebanow, Templeton - they snatch a Pulitzer or two and they’re up and gone from this place. For them, that’s what this is all about. Me, I’m too fucking simple-minded for that. I just wanted to see something new everyday and write a story with it.


Augustus "Gus" Haynes.

Hay que decirlo: la historia del diario en la quinta temporada es lo más flojo de la serie. Es una pena, porque tiene promesa, porque muchas porciones de la trama funcionan, sobre todo cuando se entrecruzan con las historias de los personajes que conocemos de las temporadas anteriores. La amplificación del delito, la construcción de la noticia, la circulación de la información, la percepción pública, son todas tesis interesantísimas, que están planteadas en este arco argumental. Pero ese es el problema: seguramente por limitaciones de tiempo (es la trágica temporada recortada de 12 episodios a 10), los personajes nos parecen más unidimensionales que aquellos que venimos siguiendo hace una, dos, tres o cuatro temporadas. Son más de cartón. El jefe del diario estúpido que no entiende el periodismo. La periodista joven y prometedora, en el camino del “bien”. El periodista ambicioso a quién solo le interesa su firma y su notoriedad. Y el editor buenazo. El hombre con la elegancia de la corrección precisa, de la noticia reporteada de manera honesta y directa. De la historia. Con los contactos que se labran de años de confianza y charlas. Ese es Guy Haynes. Es un buen personaje, seguro el mejor de todo el conjunto del diario, pero su exterior es muy similar a otros hombres que hemos conocido en The Wire, sobre todo a Bunny Colvin. Por suerte tiene algunas escenas muy buenas, cuando lo vemos finalmente abandonar la redacción y recabar información “the old fashioned way”, en bares, con todo aquel que lo conoce y quiere hablar. Su cara de escepticismo también lo paga todo, una cara que dice que lo ha visto y lo ha escrito todo, y que generalmente ganan los malos. Es una pena que a pesar de todo eso, no logre saltar de la pantalla, conmovernos totalmente. Lo conocemos y nos cae bien, pero es una amistad superficial, acartonada.



Buy for a dollar, sell for two.

Fool, if wasn't for your friend Sergei here, you and your cuz both would be cadaverous motherfuckers

You know what kills more cops than bullets or liqour? Boredom String... they can't stand that shit! Just keep it real boring

You think I'm gonna send any of my people up against Brother Mousone? Shit, that nigga got more bodies on him than a Chinese cemetery.


Joseph "Proposition Joe" Stewart.

Proposition Joe es la cara más viboresca y acomodaticia del negocio de la droga. Un gordo gigante con rastas que parece respirar todo el tiempo por la boca, que se sienta en su negocio de arreglo de radios y electrodomésticos a meterle destornillador y pinza a cachivaches acabados. Él mismo podría ser un cachivache, si no fuese porque tiene una admirable habilidad para proteger su trasero. De algún modo uno siente que tiene un orgullo de laburante en lo que hace, a pesar de que sea la venta de droga. Que para él es, justamente, un trabajo, una manera de sobrevivir. Por algo lo mete a su sobrino en el negocio, y lo banca, a pesar de que es un inútil violento y despreciable. Como si fuese la empresa familiar. Es su changuita, su pequeño taller de estupefacientes. No por nada es un experto en el lavado de dinero. Por eso también tiene esa aversión a la violencia y el asesinato político. Por algo es “Proposition” Joe, el dealer al que los otros dealers acuden para que instaure una especie de espacio liberado sobre el cual podrán discutir y dialogar. Es como un diplomático del negocio de la droga.
Pero, también, es un manipulador increíble, con una capacidad increíble para poner a unos contra otros y alejar las mirillas de su patio trasero como si tuviese superpoderes de sugestión e hipnosis. Por algo Omar, uno de los pocos que le hace la guita, lo primero que le advierte es que no intente ninguna mierda retorcida con él, o que le iba a poner una bala en la cabeza.
El problema de Prop Joe se hace presente cuando se vuelve blando, cuando comienza a querer adoptar un sucesor, cuando ve en Marlo, equivocadamente, a un pibe que quizás podría sucederlo. Cuándo su costado familiero le gana a su costado calculador y manipulador. El negocio de la droga no perdona el sentimentalismo, y todo se resume dolorosamente en la última frase que le dice Marlo: “I wasn't made to play the son”.

sábado, 21 de agosto de 2010

Visite Baltimore 12: Michael Lee & Duquan "Dukie" Weems.



- How do you get from here to the rest of the world?

- There ain't no special dead. There's just dead.

Dukie: You remember that one day, summer past? When we threw them piss balloons at them Terrace boys? You remember, just before school started up again? You know, I took a beatdown from them boys. I don't even throw a shadow on it. That was a day. Y'all bought me ice cream off the truck. You remember, Mike?

Michael: [long pause] I don't.

Dukie.



- Ya'll always taught me..Get there early.

- Why not?....i mean..Marlo aint suck no dick right? so if Marlo knows he aint suck no dick then what the fuck he care what Junebug say, what anybody say..Why this boy gotta get dead just for talking shit.

- Why you even wanna do this? What is you thinking Duke? You think if you start carrying somebody ain't gon try you? Naw...somebodys always gon try you...and if they know that you carrying they gone make you come out with it. And once you come out with it you gotta be willing to go all the way. *gunshot* You can't bring it out unless you willing to use it. *gunshot* Can't be no doubt. *3 gunshots*

Mike.

En el gran análisis de las instituciones y los grupos sociales de una ciudad que hace The Wire (y que podría ir así: policía – delincuentes – puertos / trabajadores – políticos – escuelas – diarios, y una sexta temporada hipótetica y jamás filmada pero que me hace soñar despierto sobre los inmigrantes latinoamericanos) la cuarta temporada es la más amarga y más pesimista, así que no es coincidencia que hable del sistema educativo y lo que sucede con los niños que ingresan a él.

Seguimos la historia a través de 4 niños: Michael, Dukie, Namond y Randy. Todos vienen de trasfondos ligados de un modo u otro a la calle, la ilegalidad, la violencia y el maltrato, pero sus destinos serán muy diferentes. Lo que siempre está claro, sin embargo, es que la escuela no es ninguna salvación para ellos, que no existe el camino de perfeccionamiento, “crecimiento intelectual” (porque, en definitiva, los 4 son realmente inteligentes y no tienen lugar para los conocimientos estándar que no le sirven para nada de la escuela), ascenso social burgués y clase media. Lo único que los encauzará por la vía del bien es un milagro o la influencia de terribles fuerzas externas cuyo interés en alguno de ellos exceda los límites de la legalidad, llegue al cruce de las líneas sociales de acero.

De todos ellos he elegido a Michael y Dukie, en primer lugar, porque son los que más tiempo están en la serie. En segundo lugar, porque son diametralmente opuestos pero a la vez complementarios, porque son ejemplos de cómo una vida rodeado de drogas y violencia pueden desviarte hacia el lado de la indefensión o el lado de la dureza. En tercer lugar, porque son los dos personajes que The Wire sigue más despiadadamente mientras se internan en la gran picadora de carne de la sociedad, ocupando lugares para que se perpetúe el sistema, la sangre y el horror.

Michael es hijo de una adicta y un padre desaparecido o inexistente que tiene que hacerse cargo de su hermano menor, Bug, hijo de su madre y un hombre oscuro cuya presencia pesada y espesa se avizora desde el inicio de la temporada. Esta crianza lo ha vuelto un tipo que no confía en nadie, que no acepta un favor, que siente que está completamente solo en la vida y tiene que mantenerse de ese modo. Es un clásico chico duro de buen corazón como demuestra en la relación con sus amigos y especialmente en la relación con su hermano. Michael es, además, un muchacho grandote, de esos capaces de pegarte una buena paliza a pesar de ser, nominalmente, niños.

Dukie, por su parte, es un perdedor nato, un chico que parece destinado a la mala suerte y la negligencia. Sus padres también son drogadictos, pero a un nivel muy superior y mucho más duro que los de Michael. Drogadictos perdidos, que le roban la ropa y la comida y ni siquiera se preocupan por su higiene o por su salud. Es un milagro que haya llegado a la adolescencia. Y, sin embargo, Dukie es ultra inteligente, sensible y rápido. Podría ser un gran intelectual. Un flacucho, tímido, completamente inadaptado a las calles. Él no pertenece a ese mundo tanto como sus amigos. Es un nerd dentro de un ambiente social muy peligroso y hostil.

La trayectoria de ambos en la serie es espejante y similar. En un primer momento ambos reniegan de ofertas de ayuda, ya sea por orgullo o por vergüenza. Mike se pasa la mitad de la cuarta temporada renegando del negocio de la droga e intentando forjarse un lugar independiente, mientras que Dukie se acerca muy lentamente y con gran pudor a Pryzbylewski, el policía más torpe y desafortunado del mundo devenido profesor. Hacia la mitad de la cuarta temporada, sin embargo, Michael tiene que pedirle un favor a Marlo, el sociópata que ha reemplazado al tándem Bell –Barksdale. Y cuando uno se entromete en ese mundo, ya no hay vuelta atrás. Es venderle el alma al diablo en cuotas y Michael inicia su camino hasta terminar siendo muscle de la operación Marlo (el muscle es el que lleva las armas, el que protege a los vendedores, el que le pega un tiro a las molestias).

Dukie, en cambio, llega lo más cerca que va a estar de emprender el camino de ascenso social burgués. Se destaca, se vuelve un pequeño geniecillo del aula, ayudado por Prez, logra un cierto grado de dignidad. Pero un día sus padres desaparecen así como así y lo único que le queda es mudarse con Mike. Y luego quieren adelantarlo un año, sacarlo de su precario sistema de soporte, quitarle la única figura paterna que tuvo algo de sentido para él.

La cuarta temporada está repleta de padres sustitutos y maestros temporales y es notorio que los únicos que logren convertirse en buenos padres (o al menos, padres efectivos) sean Colvin, con su dedicación a prueba de balas, y Marlo (o, más bien, Snoop y Chris, los matos que instruyen a Michael), quién ofrece a Michael una especialización en el camino más obvio y terrible.

Además, durante toda esta temporada planea sobre los muchachos el espectro de la muerte que cosecha Marlo, de los cuerpos encerrados en casas abandonadas, de las cuales hay millones, dándole a Baltimore el aura de una verdadera ciudad fantasma, de real horror, de ratas detrás de las paredes. Ese monstruo invisible los toca a todos y modifica irreparablemente sus vidas, sobre todo la de Randy, que nunca volverá a ser el mismo.

La quinta temporada encuentra a Michael y Dukie viviendo con un cierto grado de estabilidad, juntos, Mike trabajando para Marlo y Dukie intentándolo aunque sabe que jamás será lo suyo, siendo basureado por todos los otros chicos que trabajan con él. Al mismo tiempo, ejerce de niñera de Bug, en uno de los roles más desvalidos de la serie. El dilema de ambos a lo largo de esta temporada (en la cual ya han dejado muy atrás la escuela) será el cómo salir de las circunstancias en las que se han visto envueltos por sus propias acciones y por el irresistible juego de pinzas de las obligaciones e imposiciones de estructuras más antiguas y devoradoras que ellos.

En quien lo veremos más claramente será en Dukie, que intentará primero perfeccionarse en el mundo de la droga y luego ingresar en el mundo del trabajo, con grandes fracasos en ambos ordenes. Uno no puede más que estar triste, muy triste, y desesperado cuando lo ve practicar con una pistola, intentar aprender a boxear, buscar trabajo y ser rechazado en todos lados por su edad e inexperiencia. Todo se resume en esa escena con el entrenador de box en el que éste, con todo el dolor del mundo, le dice que tiene “otras habilidades” y que tiene que llegar al mundo que está más allá de las esquinas, pero que no tiene ni idea de cómo enseñarle a llegar ahí.
Michael, mientras tanto, comienza a desarrollar una conciencia, y a sentirse incómodo con el accionar de Marlo. Lo que Michael hace para escapar es un tiro por elevación que implica la libertad más pura… dentro del mundo de la droga. Es demasiado inteligente para morir, pero su salvación (su salida) termina siendo, al igual que Omar, funcional al sistema que lo retorció.

El final de Dukie es muchísimo más triste porque no coincide en nada con su promesa y porque, finalmente, todo lo que hace es caerse entre las grietas, desaparecer, volverse una no persona (no es casual que el mismo lugar donde se sitúa Hamsterdam, donde terminan los drogadictos y donde se tiran cuerpos, sean las casas tapiadas, asimilando junkies con cadáveres y desapariciones).

La cuarta temporada empieza con un grupo de niños que se reúnen en lo que parece el patio o pasillo exterior de un galpón abandonado, lleno de escombros y oxido y yuyos, un lugar que exuda abandono y que habla de una ciudad en decadencia que consume todo lo que fue bueno. La última toma de la cuarta es ese mismo galpón, vacío.

lunes, 16 de agosto de 2010

Visite Baltimore 11: William "Bunk" Moreland.



Moreland: I'm just a humble motherfucker with a big-ass dick.
Freamon: You give yourself too much credit.
Moreland: Okay then. I ain't that humble.

Det. William Moreland: Them Greeks sure have some weird-ass names.
Det. James 'Jimmy' McNulty: Hey, don't knock the Greeks. They invented civilization.
Det. William Moreland: Yeah, and ass-fucking, too.

-Jimmy, I just bought brand new lawn chairs and a glass patio table. Now you don't buy no shit like that if you're plannin' to lose your job and go to prison.

-Drink up and die right.

-You can go a long way in this country killin' black folk. Young males, especially.

-The Bunk is strictly a suit and tie motherfucker.

The Bunk.

William “Bunk” Moreland es un personaje calladamente importante. Un observador tranquilo que une varios preceptos. Un policía elegante y con pinta de músico de jazz, siempre vestido de trajes pinstripe y fumando puros. Un suave, un tipo que en general está relajado y de buen talante y que intenta no tomarse del todo en serio el marasmo que es ser policía en Baltimore pero que, sin embargo, se preocupa, y mucho, le importa, es capaz de enojarse con la furia de Dios cuando ve que el mejor ejemplo para un montón de pendejos es un ladrón y asesino que solamente es un poco mejor que los demás, o al ver que su mejor amigo y dolor en las bolas constante se ha metido en otro quilombo donde, inevitablemente, se vera arrastrado.

Bunk es un policía que aprecia el viejo y buen trabajo detectivesco, sentarse mirando toneladas de papeles, visitar las escenas del crimen y notar lo que otros han pasado por alto, reconstruir una en impecable detalle (sino, mirenlo en la primera temporada, en ese momento famoso, en la que él y McNulty analizan una escena de homicidio completamente arruinada y oscurecida por los anteriores investigadores mientras repiten incesantemente la palabra “fuck”). Es un tipo que cree en el trabajo honesto y que está orgulloso de lo que hace, algo que demuestra en la forma en que se conduce, con seguridad y certeza, en la manera en que viste sus hermosos trajes, en cómo observa los cuerpos tirados en las esquinas y casas de Baltimore, con sus cejas llenas de desconfianza, su media sonrisa sardónica y la ansiedad dibujándose en el rostro.

Esa es la cosa con Bunk: es un tipo que ama lo que hace y que ama la vida en general. Por eso disfrutamos tanto las escenas de The Bunk emborrachándose junto con McNulty al lado de las vías del tren, bajo un puente, en descampados (todos sitios espantosos, lúgubres, llenos de yuyos, fantasmas y oscuridad, con meadas en las paredes y basura en el piso, lugares adonde no irían jamás si no fuesen policías), o cuando ya completamente ebrio le hace ojitos a alguna que está en el bar y se babea y se va con ella, o cuando la mina lo llama a McNulty para que lo vaya a buscar porque esta borracho, desnudo y llorando en su baño. Y nada de esto parece afectar seriamente su vida matrimonial. The Bunk la pasa bien, The Bunk disfruta, es uno de esos tipos capaces de iluminar una habitación apenas entra.

Al mismo tiempo, el trayecto de Moreland en The Wire es bastante lineal y sin sobresaltos: comienza en Homicidios y termina en Homicidios. Nunca se mete en problemas, nunca hace enojar a los jefes, nunca agita el avispero. Bunk es el perfecto ejemplo de otra mentalidad posible dentro de la policía: la que dice que uno tiene que ser un buen policía pero no hasta el límite de hacer algo que te ponga en la mira de tus superiores, algo que caiga mal, pensar que la policía puede cambiar al mundo o que debería ser más proactiva o embarcarse en alegres quijotadas contra grandes vendedores de drogas de las que nada bueno puede salir. Bunk cumple con el trabajo pero no hace alharaca, patina por la vida con la misma facilidad con la que termina vomitando luego de haber bebido lo suficiente. Tampoco es que sea un chupamedias de los jefes, no, no, no, ese no es The Bunk, no es Jay Landsman. Más bien pareciera que se hace cargo completamente de una de las proposiciones básicas de la serie, tácita pero siempre presente: no te hagas ilusiones, no creas que podes cambiar el mundo, intenta pasar por la vida haciendo el menor daño posible e intentando proveer la mayor cantidad de felicidad y bondad posible, pero no creas que vas a liderar una revolución.

The Bunk es, a fin de cuentas, uno de los personajes más equilibrados y felices de The Wire. La tragedia y la deshonra lo tocan de lejos, no tiene ninguna obsesión que corroe su vida y su entorno social, pero a pesar de ello tampoco es un hijo de puta amoral a quién no le importa nada. Solo es un realista que conoce sus límites y sus objetivos y por lo tanto los cumple y sigue su camino.

Es el tipo que muestra la manera sensata y razonable de vivir dentro de las instituciones, pasando ligeramente desapercibido pero cumpliendo un trabajo importante que nadie más haría en su lugar. Su escena más memorable llega en la quinta temporada y gira sencillamente alrededor de su negativa a acudir a una reunión ridícula y sin sentido, pero sin embargo obligatoria. ¿Para quedarse haciendo qué? Viendo papeles y comparando expedientes, haciendo “trabajo policiaco de verdad”. Es que The Bunk es así, un tipo tan simpático y encantador que no podes evitar quererlo a pesar de (o quizás gracias a) que no está hecho para la tragedia.

miércoles, 11 de agosto de 2010

El Cuadernito Inexistente (7)

1) Clientes del infierno. Como Palabras Textuales, pero en ingles, mucho más masivo, y con muchas cosas increíbles. Pueden perder un día entero aquí (via stephanie)
2) Fata Morgana es Google Maps sin el mapa, básicamente. Simpático.
3) Un hombre vive en un mundo futurista donde todas sus actividades son a través del ciberespacio. De The Onion, obviamente.
4) ¿Porqué a la gente se le ocurren pila de ideas mientras se ducha? No se me había ocurrido antes.
5) Ante la duda, jamás, JAMÁS conviertas pi a binario. (via krahd)
6) El Halo, para Atari 2600. Una descripción muy larga de como fue hecho aquí.
7) Siguiendo con el mismo concepto, varios screenshots de juegos re-construidos como si fuesen retro.
8) Muchos de los tuits de Kanye West, usados de frases para comics del New York Times.
9) Ayer se publicó la noticia de que un asistente de un avión se quemó la cabeza, mando a cagar a todos y se fue del avión mediante el sistema de escape de emergencia del avión. Un grande. Acá esta la noticia en metafilter, donde en los comentarios un usuario le escribe una balada folk a su honor. Un rato después, alguien graba la canción con esa letra. Que lindo el mundo en el que vivimos.

martes, 10 de agosto de 2010

Visite Baltimore 10: Howard "Bunny" Colvin.



- Somewheres, back in the dawn of time, this district had itself a civic dilemma of epic proportion. The city council had just passed a law that forbid alcoholic consumption in public places, on the streets and on the corners. But the corner is, and it was, and it always will be the poor man's lounge. It's where a man wants to be on a hot summer's night. It's cheaper than a bar, catch a nice breeze, you watch the girls go by. But the law is the law. And the Western cops, rolling by, what were they going to do? If they arrested every dude out there tipping back a High Life, there'd be no other time for any other kind of police work. And if they looked the other way, they'd open themselves to all kinds of flaunting, all kinds of disrespect. Now, this is before my time when it happened, but somewhere back in the '50s or '60s, there was a small moment of goddamn genius by some nameless smoke hound who comes out the Cut Rate one day and on his way to the corner, he slips that just-bought pint of elderberry into a paper bag. A great moment of civic compromise. That small wrinkled-ass paper bag allowed the corner boys to have their drink in peace, and it gave us permission to go and do police work. The kind of police work that's worth the effort, that's worth actually taking a bullet for. Dozerman, he got shot last night trying to buy three vials. Three! There's never been a paper bag for drugs. Until now.

- I thought I might legalize drugs.

- Bunny: You see that building there? It's the old Stryker building. It was a funeral parlor. Last stop before the cemetery for west side white folk. Back When there was still some of those around. Right about the time that, uh, Jim Crow was breakin' up. Back in the early '60's. Someboday asked old man Stryker, they said "Stryker, you gon' change your policy and start buryin' black folk?" And Stryker said "yeah, on one condition: I can do 'em all at once." [Bunny laughs]

Carcetti: That's sick.

Bunny: But you know somthin'? I had a lot of respect for that man. 'Cause unlike most folks, I always knew where he stood.

Bunny Colvin.

Antes de que diga cualquier otra cosa, Bunny es el puto hombre. Es, quizás, el personaje más noble y dedicado a hacer el bien dentro del estamento en el que se encuentra. Y, por ello mismo, no es coincidencia que Bunny sea un reformador social, un tipo dispuesto a apostar todo a las nuevas maneras de hacer las cosas.

Ahora bien, a Bunny lo conocemos ya grande, curtido, a punto de retirarse. No sabemos nada de su pasado ni de su comportamiento antes de la tercera temporada, pero por su carácter, podemos deducir que fue siempre un policía honesto y un gran líder. Porque Bunny, estructuralmente, es un Comandante de distrito, el jefe de toda una sección del Departamento, un jefe, un capo. Lo que implica también que ha tenido que tragar mucha mierda y cuidar muchas posiciones para llegar ahí. Sin embargo, cuando lo conocemos, Bunny es fundamentalmente un policía decente, un tipo de gran corazón, otra persona que a pesar de todo lo que suponemos que ha visto no ha perdido el alma.

Es probablemente esa decencia intrínseca y no la posibilidad del retiro cercano y de tirarse una canita al aire, lo que lo impulsa a poner en marcha su primer gran proyecto de reforma: abrir tres “zonas liberadas” en lugares abandonados y completamente dilapidados de Baltimore (lugares de ladrillos descascarados, de fachadas desmoronadas, de calles sin faroles de luz, cercados por pastos gigantescos, lugares a donde probablemente ni los delincuentes se acerca por el persistente aura de entropía que los rodea) para que allí se concentre todo el comercio de drogas, un lugar donde toda su violencia pueda ser contenida sin dañar al resto de la población. Este sector, que rápidamente hace descender el crimen en el resto del distrito, es bautizado Hamsterdam por parte de sus habitantes y concurrentes.

Es que Bunny es uno de esos tipos que saben que hay una diferencia entre ley y justicia, que la ley existe sobre todo para proteger a los ciudadanos y que, cuando esto no sucede, entonces hay que excederla para que su espíritu se respete. Y es un tipo que, justamente, vemos en su plenitud, en el momento final de su estadía en la fuerza, que está agotado de ver como todas las iniciativas policiales y “el juego de los números” (la manipulación de estadísticas para hacer disminuir los índices de delito) no solo no han logrado hacer descender la criminalidad, sino que incluso han criminalizado y discriminado a aquellos a quienes debían proteger. Es un tipo que está harto de ver como se le mueren policías, como los ciudadanos están cada vez más desvalidos, como han llegado a ver en la policía algo que temer, como la policía ha perdido el contacto con la comunidad.

Bunny, con su cuerpo de gigantón, su pelada brillante, su sonrisa sincera y gigante, su cara de tío bueno, es esencialmente uno de esos policías que a veces se ven en los comics y las películas de época, de uniforme y macana patrullando el barrio, hablando con los niños y las ancianas, recto y sonriente pero inflexible con quienes lo merecen.

Su primer intento de reforma social, entonces, es producto del observar este ideal que venera completamente desvalorizado y devaluado. Y el mayor responsable de esto, nos dice The Wire directamente, es la guerra contra las drogas. La guerra contra las drogas, como dice Bunny, arruinó este trabajo. Lo arruinó porque puso el acento en la represión antes que en la protección, porque volvió a todo el mundo un sospechoso, porque transformó al policía en un ejército invasor en su propio país. Porque en definitiva es una guerra que lo único que hace es marginalizar al pobre y perpetuar un ciclo vicioso en el que los nuevos jóvenes solo tienen por futuro y expectativa ingresar en el mundo de la calle y de la droga, para terminar presos o muertos.

Obviamente que este plan no saldrá nada bien, pero por un momento, por una temporada, nos hacen creer que existe una alternativa, una opción para ese mundo de violencia hermética, asfixiante. Y esa salida está personificada en ese negro de maneras pausadas y gran corazón, que cuando llega el momento de la caída, lo acepta como un hombre y se hace cargo individualmente de todas sus consecuencias.

En la siguiente temporada, por consiguiente, la situación de Bunny es muy diferente y se asemeja a la de muchos personajes que a lo largo de la serie intentan desafiar la manera establecida de hacer las cosas: despojado de poder y de acción, degradado y vuelto una parodia de quién alguna vez fue. Afortunadamente, tendrá otra oportunidad de intentar cambiar las cosas, está vez participando de un programa experimental de enseñanza en escuelas secundarias.

Tiene sentido que Bunny tome esta dirección en su vida y en la serie. Como hemos visto, una de sus mayores preocupaciones en su vida es la de proteger a aquellos que no tienen poder, ha absorbido demasiado bien el ideal de su casta. Bunny es de aquellos que creen que el cambio llega modificando el modo de pensar de las próximas generaciones, un clásico liberal (en el sentido izquierdista en que es utilizado por los norteamericanos) que por su extraña condición de policía puede aplicar esas teorías y no perderse en devaneos teóricos. No por nada uno de sus enfrentamientos más amargos será con Carcetti.

El segundo experimento de cambio social de Bunny Colvin tendrá un final igual de agridulce y un desarrollo aún más terrible y descorazonador. Porque si bien Hamsterdam fue un fracaso, al menos ahí Bunny tenía dos cosas que no tendrá aquí: una autoridad indiscutida y una tropa que, para bien o para mal, estaba dispuesta a obedecerlo. En la escuela es nadie, es peor que nadie, porque es justamente una figura de autoridad y aquellos que deben hacerle caso no son policías a los cuales se les ha inculcado la idea de la cadena de mando sino un grupo de mocosos que se encuentran mucho más cerca de la vereda de enfrente a la que estaba parado Colvin en sus días de polizonte.

La cuarta temporada es terrible por el modo en que plantea que las escuelas, como están organizadas, son solo fábricas que reproducen exactamente el sistema sin intentar modificar la vida de ninguno de aquellos niños que están atrapados en él. Es tristísimo ver como esos jóvenes están condenados a la calle, como se los va amoldando para que lo único que quieran sea abandonar esa institución a la que solo le interesan los números y las estadísticas, protegerse de los gobernadores y los inspectores escolares. La escuela está tan obsesionada con la burocracia como la policía, frente a ello el caos cuasi natural de la calle es una forma de liberación.

La homeóstasis del sistema es, además, dolorosamente patente en el durísimo trabajo que hace Colvin, intentando con mucha compasión y tranquilidad y paciencia llegarles a esos chicos que están tan retraídos y encasquetados en sus vidas que les indican que lo mejor a lo que pueden aspirar es a estar muerto de una manera rápida antes de los 30. La mayoría del tiempo es recibido con hostilidad, indiferencia y odio.

Finalmente, el proyecto será cerrado por una confluencia de desinterés por parte del gobierno local, falta de recursos, desconfianza de las autoridades de la escuela. Un complejo mecanismo de pinzas institucional que se cerrará sobre la esperanza de Colvin. Los efímeros avances que Colvin había realizado se desvanecerán en el aire y, en algunos casos, degenerarán en algo peor. Solo rescatará un efímero y personal triunfo de todo el asunto, la “adopción” de uno de los niños de su clase especial, en un desenlace que, en manos menos hábiles hubiese sido un final de película de Hallmark pero que, acá, está resuelto con tal elegancia y caballerosidad, en un mano a mano entre dos hombres con mucha historia (con mayúsculas) sobre sus espaldas, que conocen los códigos de la calle y de la ley, en una de las mejores escenas de la serie.

Este triunfo solo demostrará que Bunny cambia el sistema a un nivel microscópico, conclusión cuyo corolario es que termina expulsado de todas las instituciones a las que perteneció. Es sorprendente que todo su periplo, sin embargo, no lo vuelva un hombre derrotado y amargado, sino que siga siendo el mismo tipo optimista e, incluso, que todo su arco nos parezca tener un final feliz. Es que en The Wire, las pequeñas y casi insignificantes victorias son las únicas posibles y tenemos que agradecer y estar felices por lo poco que vamos a obtener.