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lunes, 8 de octubre de 2012

Las cosas y nosotros

Como hace poco hablamos con Javier, estamos en una época en la que tenemos una relación muy complicada con los objetos que compramos. Y no voy a decir que yo no tengo esos conflictos: Sí, tengo un smartphone, pero tardé un poco más de lo normal en tenerlo. También tengo una Macbook, que fue mi primera laptop, y armé todo un post insoportable justificando su adquisición. Digamos que siempre me gustó intentar no caer en esas garras del consumismo rampante, y considerarme un “consumista racional”(tm), no tener demasiadas cosas y estar tan pendiente de tenerlas y adquirirlas. Aunque a quien quiero engañar: tengo un blog que habla casi solo de equipos de grabación y música. Me encantan las guitarras sintetizadores y pedales y eso. Y ya perdí muchísimas horas leyendo interminables entrevistas para averiguar que pedalcitos o que teclados usa algún flaquito que toca en cierta banda.

Toda esta introducción va a este sitio web que descubrí: The Setup, una colección de entrevistas recontra nerds a diversos profesionales donde cuentan que es lo que usan tanto para trabajar como en su vida cotidiana. 
Son cientas de entrevistas, con entrevistados que describen con detalle obsesivo sus setups (desde el software del mail hasta la marca de su microondas) así como gente más delirada que se cuelga a hablar de su relación con la tecnología y la vida en general - y obviamente ahí es donde se pone todo muy interesante. Así que a continuación, algunos links a varias de las entrevistas más interesantes que vi ahí, junto con algunas observaciones al respecto:

La primera que leí fue la de Dan Cederholm, un gurú del diseño web totalmente desconocido para el lector promedio de este blog. Me gustó mucho que lo que usa 3 o 4 aparatos y muy poco software, bien minimalista y sin muchas pretensiones. La de Jeffrey Zeldman (otro capo de la web) es bien escueta y simple y se nota que tanto no le importan estas cosas. William Gibson, como todo buen escritor, es aburridísimo y se tiene que fijar en su celular para ver bien qué modelo es porque le chupa un huevo. Aunque tiene un iPad, y le gusta.
Por el camino del minimalismo tenemos casos como el gurú del GNU Richard Stallman que usa una netbook horripilante que hasta su BIOS es open source. El chabón no se conecta a  Internet de forma convencional, utiliza EMACs para revisar el mail y se conecta a Internet solo dos/tres veces por día solo para enviar y recibir mails. Demente.
En el otro polo tenemos a gente como Kenneth Reiz, desarrollador que trabaja en Heroku que se considera un minimalista pero tiene la cantidad de cachivaches más grosera del mundo. Desde su silla, su lapiz, su moleskine, su camara DSLR y sus lentes a su cuchillito multi-uso hasta la tipografía que usa en su editor de texto, todo es de marca, carísimo, divino y recontra elegante así como insoportable. Leer su entrevista me dejó una sensación extraña: Esta claro que esta persona está totalmente esclavizada a todas sus cosas, aunque me encantaría al mismo tiempo tener todos los cachivaches que él tiene.
Entre las entrevistas más divertidas está la de Keita Takahashi - sí, ¡El creador del Katamari Damacy! - que empieza a hablar de la PC que usa hasta detallar cualquier bobada, incluyendo su modelo de aspiradora, su heladera, radio, bicicleta, etc, etc. Un encanto de persona. Miren que maravilla es su aspiradora, por favor:

Con algunas entrevistas descubrí cosas que no sabía de varias personas. El ejemplo más radical es el de Benneth Foddy, que lo conocí como el creador del maravilloso juego QWOP, pero no tenía nidea de que es profesor de filosofía (!) y que también fue bajista de Cut Copy (!!?). Y su entrevista es muy interesante: comienza con el tradicional listado de hardware pero termina siendo una diatriba bastante violenta contra el Word - recordemos que el muchacho más que nada es filósofo y escritor -, y de cómo todavía no encuentra un editor de texto que lo haga mínimamente feliz, y de cómo el software en general esta mal hecho y que el software de iOS es mucho mejor y esta mejor desarrollado en general(ya que es una plataforma nueva, el formato Touch y de una sola pantalla te obliga a diseñar todo más simple, etc). No soy programador y no se tanto de todo lo que habla, pero me pareció bastante lógico y revelador lo que dice.
Siguiendo con otros entrevistados que se van de mambo, John Kricfalusi empieza contando su setup inexistente (Word, lapiceras, papel y Scanners) para luego contar que odia TODO el software del mundo ya que funciona muy distino a como funciona el cerebro humano. Cuenta, por ejemplo, como la animación en la actualidad se maneja exclusivamente con cuadros por segundo, cuando él utilizaba partituras marcando el tiempo como música (whoa).  Pero ahora eso es totalmente imposible ya que ningún software de animación funciona así. Al final de la entrevista John describe como la industria de animación ahora es una mierda con todo hecho overseas, en contra del sistema antiguo más a mano y detallado donde un director de animación estaba en el mismo cuarto con todos los animadores.

El promedio de los entrevistadores - y esto habla mucho del zeitgeist del momento - utiliza una Macbook, un Iphone y no mucho más, y está bien así (incluso en la about del sitio les preguntan si es un fan-site de apple, cosa que niegan). Pero hay usuarios que van muy en el espíritu de sus creaciones, como el programador de videojuegos indie Jason Rohrer, que utiliza una laptop ARCAICA, que le regaló su hermana, totalmente destruida con el monitor medio flojo que hay que pegarle de vez en cuando para que funcione. También utiliza a veces un Datahand para escribir. Un Datahand es un aparato que es así:

si usas esto, es muy muy muuuy poco probable que la pongas

Para testear usa una Mac prehistórica también tirada por ahí, y todo es así: Una colección de objetos descartables que nosotros tendríamos juntando polvo en un rincón, obsoleta, pero que él usa feliz y satisfecho. Quería terminar con la entrevista de Rohrer por lo siguiente: Por lejos tiene los equipos más berreta y desprolijo de todos, pero simultáneamente considera que su Dream Setup es ese, que es perfecto para todo lo que necesita. En mi otro blog hice varias entrevistas a varios productores, y me sorprendí mucho como la mayoría hacen casi todo con muy poca cosa, con lo que tienen a mano, o como grandes efectos o sonidos se lograron con la idea más tonta y simple. Y bueno, quizás la conclusión es que todos estos gadgets y computadoras no son tan importantes, ¿No?

Ok, voy a dejar de mentir: Ese blog es para nerdear, mucho y duro, y justamente liberar un poco ese gusto medio voyeurista por ver los escritorios de medio mundo. Así que pasen y diviértanse

martes, 17 de julio de 2007

Canción Para Una Generación Futura. (Porque los B-52’s deberían gobernar el universo.)

- ¿Alguna vez te he dicho cuanto me gustan los B-52’s?.
(Así comenzó la conversación.)
- No, creo que no.
- Es algo en lo que no pienso muy a menudo. No son como esos iconos bizarros que todos tenemos que tener, pulir de vez en cuando, sacarlos al sol y adorarlos en público. Los Mark E. Smiths, los Daniel Johnstons. De alguna manera, los B-52’s están siempre… ahí, como una corriente subterránea, como un objeto a cuya presencia ya te acostumbraste. Hasta que uno los escucha. Claro. Siempre te llaman la atención sus peinados en forma de panal de abejas, sus pantalones acampanados de colores fluo, el ridículo bigotito de Fred Schneider.
- Perdón, estamos hablando de los de Love Shack?
(Enorme cara de enojo, como diciendo “Mierda!, ¿porque tengo que relacionarme con idiotas?)
- ¡Por dios, hombre!. ¡Love Shack!. ¡Pensaba que tenias un poco mas de cultura musical!. Esa canción es buena, no lo dudemos, pero no se acerca ni a atarle los cordones a lo REALMENTE bueno de los B-52’s. ¿Alguna vez escuchaste su primer disco?. Es el de tapa amarilla, no roja. Fred Schneider esta con un traje azul ridículo, mirando a la cámara con cara de estúpido y Cindy Wilson tiene una peluca casi blanca, cónica.
- No, no realmente.
- ¡Con razón!. ¡Ese disco es absolutamente imprescindible!. Te voy a hacer una copia. Tenés que escucharlo entero, no solamente “Rock Lobster”. Aunque esa es probablemente la única canción que no me cansare JAMAS de escuchar en una fiesta.
(Trago de cerveza, realmente esta excitado y enojado de que no se los reconozca como una gran banda)
- Si, bueno…creo que mi experiencia con ellos llega hasta ahí, básicamente. En alguna fiesta he bailado “Rock Lobster”…y el video de “Loveshack”.
- Tenés que escuchar ese disco. ¡Tenés que escuchar ese disco!. Es terrible. Tenés que sentir esas guitarras surf, que uno percibe que pueden degenerar en una masa informe de ruido en cualquier momento. Esa enorme decadencia comercial... El perfecto punto de contacto entre la comercialidad y el inconformismo post punk. A veces pienso que los B-52’s realmente inventaron la pose indie que luego seria la marca registrada de Pavement, ponele. ¿Porque sino esa fascinación con el pasado?. ¿Con la Norteamérica de los años 50?. No era mera nostalgia. Uno sentía que se reían sarcásticamente. Los B-52’s eran el futuro armado de los pedazos rechazados del pasado, de las migajas que nadie quería. ¿Seguro que no escuchaste “Dance This Mess Around”?.
- No…creo que no. Pero ese título es muy bueno.
- Si, pero deberías escucharla. Es una especie de mezcla entre una canción de las Ronettes y Le Tigre. ¿A vos te gusta Le Tigre, no?.
- ¡Si, claro!. Kathleen Hanna, te amo.
- Si si, claro, ¿vos sabes cuanto le robo esa mujer a Kate Pierson y Cindy Wilson?. Ellas inventaron el estilo “chica de bubblegum” + punk. Y no solamente Hanna: las Deal, las chicas de Sleater Kinney, todo el electroclash… Todos les robaron a esas dos mujeres increibles…Pero estoy divagando. Te hablaba de “Dance This Mess Around”. Es una especie de mezcla entre las Supremes y Le Tigre, como te decía. Pero lo genial es como parece la canción de una niña caprichosa. Si las canciones de los 50 siempre eran sobre la chica sumisa, acá hay una inversión: tu novia buena se rebeló, quiere bailar y chilla como un nene sin su mamadera “Why don’t you dance with me!!!???!”. Un momento glorioso de la música pop.
(Mientras dice esto, agita los brazos para arriba y para abajo y mueve la cabeza a un ritmo imaginario. Toma otro trago de cerveza.)



- Bueno, voy a tomarte la palabra sobre eso…
- En serio, man. Después te lo grabo. En fin…el segundo disco es maravilloso también. Es el de tapa roja. Están sentados en unos sillones, con la cara mas seria, como diciendo: “hijos de puta, que no entendieron que tenían que bailar y adorarnos, ¡ahora les vamos a dar mas!”. Porque por dentro es casi igual de brillante que el anterior. Tiene “Give Me Back My Man” y “”Private Idaho”…
- ¿Como la película de Gus Van Sant?
- ¡Claro! ¡Si robó de ahí el titulo!. Hay un pequeño agradecimiento a los B-52’s al final. Es genial que la haya sacado de ahí, porque una película con esa carga tan fuerte de homo erotismo confuso, de sensación de crecer, de tener que volverse un adulto, solo podría llamarse como esa canción, que es un especie de himno en contra del enclaustramiento, una suerte de exhortación a un interlocutor imaginario incitándolo a que abandone su vida monástica, su Idaho privado y salga a la luz.
A esos dos discos los tengo en vinilo. ¿Te acordás de la época en que vendía vinilos para pagarme las vacaciones?
(De pronto su mirada se pone borrosa, nostálgica)
- Si, claro, ¡esos vinilos nos dieron unas cuantas satisfacciones!
- Bueno, nunca me ví ni siquiera tentado a vender los de los B-52’s. Hasta puse mi “Ziggy Stardust” original, edición inglesa, en el mercado y a ellos no los podía tocar.
¡Mierda!. ¡Si hasta Whammy es fabuloso!. En el medio esta ese ep que sacaron con David Byrne, que, a pesar de los nombres involucrados, no es gran cosa, pero tiene un título perfecto: “Mesopotamia”…
- Si, es un lindo título…
- Claro que si! Y no lo digo solo porque soy un enfermo de la historia, sino porque traslada la imagen perfecta para la pequeña decadencia de los B-52’s: al mismo tiempo da la impresión de una civilización vagamente libertina y salvaje (porque tendemos a pensar que todas las civilizaciones antiguas son ligeramente libertinas y salvajes) y de un pantano cuidadosamente corroído por las aguas de varios ríos infectados de mosquitos, sapos y musgo. Quizás es un anuncio de los problemas que seguirían…
(Pausa por un segundo, toma otro trago de cerveza. Enciende un cigarrillo)
De cualquier modo, “Whammy”es una especie de versión McDonalds del sonido B-52’s. Creo que a ellos les hubiese gustado esa comparación, tan obsesionados estaban con el consumismo norteamericano. Un disco con una producción mucho más limpia, canciones más “sencillas” que se apoyan predominantemente en sintetizadores simples y un tanto blandos, pero que aun tiene fuerza, potencia y alegría. Tiene esa maravillosa canción “Song For A Future Generation”. Ahora estoy leyendo a Douglas Coupland y por momentos la letra de esa canción me recuerda a sus desapasionados análisis de la juventud de los 90.
- ¿De que manera?
(Parece casi fastidiado de que lo interrumpa en medio de su diatriba. Hace una larga pitada a su cigarrillo y sigue)



- Bueno, la letra habla sobre dos personajes que se creen mucho, que quieren ser el “rey de la galaxia” y la “emperatriz de la moda”, por lo menos en las primeras estrofas, lo cual condensa la desesperación norteamericana por el éxito que fue tan fuerte en los 80, pero esta presente en toda su historia. El destino manifiesto y todo eso. Esa parte sola ya garantiza que la canción es fabulosa, pero las siguientes estrofas, donde cada uno se presenta y da dos o tres datitos sobre su persona, como si estuviese en un programa de citas, es lo que me recuerda a Coupland. Porque es un poco la idea de que todos podemos ser resumidos en dos o tres rasgos particulares, “quirks”, pequeños detalles neuróticos que definen nuestra personalidad. Y, claro que si, en nuestra relación a la cultura pop que consumimos en nuestra juventud.
- Veo que realmente te apasionan los B-52’s. Yo solo pensaba que te gustaba pasar una o dos canciones de ellos en fiestas…
- Si, bueno, como te dije, es algo en lo que no pienso a menudo. Además la gente tiende a tener esta visión unilineal de los B-52’s como una banda de fiesta, vacua e insustancial. Pero son tanto, tanto más. De cualquier modo, ellos también hicieron bastante por alimentar esa imagen, después de todo. “Bouncing Off The Satellites”, por ejemplo. Es un disco triste, un disco de B-52’s “by the numbers”. La suavidad del sonido del disco anterior ya ha degenerado en los peores trucos de producción de los 80. En esas baterías preprogramadas (o que suenan como preprogramadas) y en una sensación de agotamiento bastante pronunciada. Kate y Cindy no cantan como antes, las guitarras de Ricky Wilson apenas están presentes. Es que claro, se murió en medio de la grabación de sida…
- ¿Se murió de sida?.
- Claro…una cosa que siempre fue encomiable de los B-52’s era que eran una banda realmente igualitaria y que aplicaba bastante las ideas de igualdad entre los sexos tan en boga en el post punk. Pensalo: eran 3 miembros gays y dos chicas. Y, sin embargo, nunca hicieron aspaviento de nada de ello. Por ello creo que abrazaban toda la iconografía norteamericana con ironía. ¿Que hay mas irónico que 3 gays y dos mujeres apropiándose de la estética de los 50, la época de las casas construidas todas iguales, los suburbios blancos y los matrimonios felices no comunistas?.
(Ríe de su propia broma, toma otro trago de cerveza y aplasta la colilla en el cenicero)
En fin…que “Bouncing Off The Satellites” es feo, pero es perdonable, se les acababa de morir su guitarrista, hermano de su cantante y corazón musical de la banda. Y a pesar de todo ello tiene una canción preciosa de cierre: “She Breaks For Rainbows”. Un tema synth pop sentimental, delicado, melancólico. Como esos hits que se hacían en los 80, que todos clamaban detestar pero en el fondo amaban. Como “Don’t You (Forget About Me)”. No puedo evitar leerlo como una gran carta de despedida a Ricky Wilson, con su letra sobre lluvia y arco iris y su melodía suavemente triste que al mismo tiempo es “elevadora”, te levanta, te da esperanzas.
Y lo más genial es que justo cuando todo parecía perdido, hicieron un Fénix.



- ¿Un que?
(Una vez mas el fastidio en su cara)
- ¡¡¡Un Fenix, hombre!!!. ¡Es la historia mas vieja del rock!. Banda que parece acabada saca un disco hermoso que los vuelve relevantes de nuevo. Renacen, en pocas palabras. No es algo que suceda seguido, cuando un grupo esta en un punto tan bajo, en general es mas probable que sigan hundiéndose y seguir escuchándolos es lo mas parecido a ver un accidente de tren en cámara lenta.
Pero a los B-52’s no les pasó eso. “Cosmic Thing” es, quizás, lo mejor que hicieron desde “Wild Planet”. Es un disco de revancha. Ya desde el primer tema te das cuenta que suenan mas afilados que nunca, irresistibles ganas de mover los pies te invaden. ¿Sabias que ese es el ultimo cd que me compré?. Y de eso hace dos años…
- Guau, realmente sos un fan…
(Se detiene un momento y piensa, como percibiendo claramente por primera vez una nueva idea)
- Si, parece que si…Lo bueno de charlar estas cosas es que te das cuenta de lo mucho que apreciabas algo… ¡Y en este disco esta “Loveshack”!. Que fue un gran éxito, como todo el mundo puede atestiguar. Y en este caso estaba completamente merecido. Si bien interminables repeticiones en canales de videos y en fiestas de todo tipo me llegaron a cansar (¡pero hay que admitir que era de lo mejor que pasaban en algunas de esas fiestas!) sigue siendo un tema inoxidable. La banda de sonido perfecta para la película comercial que John Waters jamás volverá a filmar. Todo tan campy y brillante…
El otro hit también es genial, “Roam”, a esa seguro que la escuchaste. Es una canción completamente hedonista. Te encomia a abandonar tus responsabilidades y a “dar vueltas alrededor del mundo”. ¿Hace cuanto tiempo que no existe una banda que hace de la diversión su modo de vida?, ¿cuyo único objetivo en la vida es que te sientas bien?.
(Suspira melancólicamente)
Pero, por debajo de eso tiene “Deadbeat Club”. Una verdadera postal de despedida. Los B-52’s no manejaban la tristeza. El sentimiento estaba tan alejado de su paleta de emociones como el odio de la de Jonathan Richman. En esos tres minutos de “Deadbeat Club” se quiebra esa pared y tocan por primera vez la tristeza con mayúscula. Ese momento de vulnerabilidad, de hastió, indicaban que ya no se estaban riendo y que esta vez iba en serio…La única manera de terminar la fiesta mas divertida en años.
- ¡Hey! ¿Y la banda sonora de los Picapiedras?.
(Pone cara de disgusto, frunce las cejas, mira con odio y arruga la nariz).
- Seguro que eso lo grabaron dobles nazis criados en probetas.

(Versión sin editar de la nota aparecida aquí en junio de este año)