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jueves, 31 de enero de 2013

El Proyecto JLA (Parte 02).


Justice League #01 (1987).

Bueno, acá tenemos, al fin, el inicio de otra era de grandeza para la Liga de la Justicia. ¡Lo dice ahí en la tapa! Más allá de eso, y de los trucos de la nostalgia (yo comencé a leer comics prácticamente gracias a esta Liga) la verdad que la Liga de Giffen, DeMatteis, Maguire y etc. es uno de los grandes ejemplos de cómo construir un grupo de superhéroes con majestuosidad, humor, relaciones interpersonales, grandes dibujos, sin perder ni el sentido de la amenaza ni el sentido de lo cósmico de un universo compartido.

Desde las primeras páginas de este primer número, nos damos cuenta de que Giffen y compañía están decididos a concretar lo que intento tan catastróficamente Conway: un grupo verdaderamente diverso. Pero en vez de entender esa diversidad sobre la base de caricaturas étnicas preconcebidas, lo que hacen es tomar la enorme diversidad del DCU post-Crisis. Entonces tenemos un grupo que incorpora a Captain Marvel (de Fawcett, antes de Tierra-S); al Blue Beetle (de Charlton, antes de Tierra-Q); a una creación de Kirby que antes había estado relegada a papeles secundarios (Mister Miracle); al Dr. Fate y Black Canary, personajes generalmente relacionados con la JSA; a la nueva Doctora Light, producto secundario de la Crisis; y los mezcla con un Batman totalmente ejecutivo, Martian Manhunter y un Green Lantern inesperado en la figura de Guy Gardner. Es, en otras palabras, una paleta muy amplia de lo que era el Universo DC en ese entonces.

La tensión entre grandes y pequeños, en este caso, está tirada decididamente para el lado de los pequeños, y esa será una constante en la Liga de Giffen. Los mejores momentos están protagonizados por personajes por los cuales antes nadie daba nada y a quién ellos lograron hacer famosos. Con la curiosa consecuencia de que quedaron tan asociados a la JLA de este período que tampoco fueron grandes estrellas en solitario, sino en un grupo, algo bastante conmovedor, si me preguntan a mi.

La Liga de Giffen & DeMatteis, por otro lado, ha pasado con justicia a la historia por su concepto de lo que un grupo de superhéroes es, concepto que ha sido básicamente traducido como “una sitcom con trajes”. En parte esto es verdad, pero en realidad esta Liga nunca deja de lado las aventuras-en-las-que-el-destino-del-mundo-está-en-juego ni los momentos dramáticos. Ahí está Despero, Darkseid (un Darkseid más amable, pero Darkseid al fin), The Extremists o la nueva Queen Bee para comprobarlo. Lo que en realidad hicieron fue llevar la caracterización a una situación post-Claremontiana/Marvwolfiana. Si los héroes podían angustiarse y sufrir por amor, seguramente podían reír también. Y descubrieron que explotando ese costado usualmente reprimido podían completar las aristas de personalidad de muchos sujetos que antes habían sido sencillamente un papel en blanco. Por ejemplo: ¿alguien estaría en desacuerdo que la obsesión de J’onn J’onzz por las Oreo lo humaniza de una manera que cientos de años escribiendo sobre sacrificios marcianos no lo hicieron?

El dibujo de Maguire, por otro lado, es otra cosa muy diferente a lo que venía sucediendo antes en el título. Sostiene la línea clara que siempre caracterizó a la Liga, pero le agrega un lenguaje corporal enorme, unos rasgos faciales siempre en mutación y claridad y la sensación de que uno está leyendo tipos vestidos y no pintados encima. Además de ser un narrador superlativo que en aquel entonces aún dibujaba bastantes fondos. Al mismo tiempo, la Liga demuestra ser un comic de su tiempo al apropiarse de varias técnicas narrativas empleadas en The Dark Knight Returns y Watchmen, siendo los principales la utilización de cuadros más pequeños (que por momentos se acerca al nine-panel-grid, que Giffen hará suyo en la Legion de Superheroes de los 5 years later) y el uso de paneles como si fuesen pantallas de televisión, una manera útil de descargar información y construir un mundo empleada con gran efecto por Miller.

La Liga se completa con ese enorme personaje, ese verdadero hallazgo de los 80s que es Maxwell Lord, en el cual se plasma esa aspiración eterna de los grupos de superhéroes: el enlace humano. El rol que antes habían cumplido Jarvis, Jane Loring o Sue Dibny acá es tomado por un personaje que comienza siendo la destilación del empresario tiburonesco ochentoso, guiando los destinos de la Liga desde su Torre de Cristal. Es él quién elimina el “America” de la Liga, impulsando su internacionalización. Es otro merito de Giffen y DeMatteis el haberse encariñado tanto con él que prefirieron hacerlo un héroe antes que matarlo, convertirlo en otro alegre bufón con corazón totalmente inmiscuido en las idas y vueltas de la Liga. Su tratamiento posterior es otro de la (larguísima) lista de crímenes del Régimen DiDio.

La reformulación de la Liga trajo bajo el brazo una reconstrucción de su origen, publicado en Secret Origins #32 (1988) con los muy lindo dibujos de Eric Shanower, guión de Giffen y diálogos muy entretenidos de Peter David. El origen es más o menos el mismo (7 aliens de Appellax llegan a la tierra y tienen que luchar por ver quién tiene el honor de ser el próximo rey) pero con un diseño de aliens un poquito mejor y unos diálogos graciosos que entran dentro del estilo JLI. Todos los héroes, por supuesto, tienen un poco más de personalidad que en Justice League #09, pero el cambio más importante es el dictamen editorial que dictamina que Wonder Woman (ni Superman, ni Batman) podrían haber formado parte de la Liga desde sus inicios porque sus carreras se iniciaban a mitad de los 80s, luego de la Crisis. Entonces, la solución fue incorporar a Black Canary como miembro fundador. Y la verdad, que quieren que les diga, este es uno de los cambios más agradables que tuvo la Liga post Crisis. A mi Black Canary me parece un personaje infinitamente más agradable que Wonder Woman, divertida, simpática, con personalidad y sexualidad que la Wonder Woman pre-Perez solo tenía en un puñado de casos. Sobre este template, años después, Mark Waid construiría la genialidad que es “JLA: Year One”.

Además, por favor, tiene una de las tapas más icónicas de los últimos 30 años.



Justice League Spectacular #01 (1992).

Pero todas las cosas buenas tienen que terminar, y como tal, el run de Giffen, DeMatteis y compañía en la Justice League terminó en 1992, luego de cinco años de historias excelentes, BWA-HA-HA-HA-HAS a montones, personajes revalorizados y grandes y pequeños momentos. ¿Cómo se seguía un período que por muchos sigue siendo considerado clásico? DC Comics decidió resolver este problema poniendo a Dan Jurgens al frente.

Ahora, bien, quizás a ustedes Dan Jurgens les parezca un perdedor, un vejete, un has-been. Pero tienen que entender que en 1992 Dan Jurgens era, en DC, uno de los creadores más hot del momento. Llevaba adelante los destinos de Superman, con bastante gracia y nivel, desde el momento en que John Byrne había abandonado al Man Of Steel sin cumplir ni la mitad de todo lo que había prometido. Tenía un estilo de dibujo limpio, repleto de colores primarios y capaz de manipular grandes escenas de muchos personajes, algo que recordaba a George Perez (y al mismo Byrne), pero más brillante, casi te diría en la línea de un tipo de Image que sabía de anatomía. Hay que entender que a Dan Jurgens se lo robó Marvel en algún momento de 1995 para que escriba Spider-Man (en pleno caos de la Saga del Clon) y fue un gran evento (Jurgens huiría despavorido al ver lo que era Marvel en ese momento, volviendo a los brazos de Superman).

Entonces, no es casualidad que nuestro autor decidiese construir su Liga alrededor de El Hombre de Acero, prácticamente el único héroe de los “Grandes Siete” (Superman, Batman, Wonder Woman, Aquaman, Flash, Green Lantern y Martian Manhunter) que no había aparecido en la Liga de Giffen. Su número de relanzamiento sigue más o menos el template de “Justice League #01”: un grupo de héroes, en un mundo en el que la Liga se desbandó, se reúne para combatir una amenaza que ha sido esponsoreada desde las sombras por un personaje oscuro. La diferencia es que si en el caso de Giffen este era Maxwell Lord, sujeto que luego se volvió importante en su propio derecho, en el caso de Jurgens es… el Weapons Master, un villano de segunda de la serie original. Los héroes triunfan y, en el período de dos cuadritos, deciden mantenerse juntos, a pesar de que Superman 10 páginas antes había declarado solemnemente que trabajaba mejor solo.

Todo en el período de Dan al frente del supergrupo se lee así: como un remix de segunda categoría de un montón de etapas con una pátina noventosa. Por algo el número más recordado es aquel en el cual la Liga es totalmente destrozada por Doomsday, como preparación para la Muerte de Superman. La Liga pasa de ser el grupo más poderoso (o al menos el más divertido) de DC a un apéndice de Clark Kent.

Lo otro por lo cual es recordada la Liga de Jurgens es por la aparición memorable del ¡personaje hallazgo de 1993: Bloodwynd! (Si, Bloodwynd con i griega). Este sujeto, fue el único agregado original de Jurgens, con una historia más retorcida que la mierda, que más o menos va así: un grupo de esclavos, sujetos al dueño de una plantación sádico y malvado crearon una “Gema De Sangre” con la cual logran matarlo. Esta gema es luego pasada de generación en generación, mientras en su interior el espíritu del dueño de la plantación se transforma en “Rott”, un demonio. El demonio finalmente lograba succionar al Bloodwynd original dentro de la gema y apoderarse de J’onn J’onzz, obligándolo a usarla y a buscar una fuente de energía para liberarlo. Es el típico personaje espantosamente concebido de los noventas: nombre fonéticamente incorrecto, referencias absurdas a alguna tragedia real, orígenes retorcidos que combinaban magia EXXXTREMA y violencia y un pasado misterioso. Luego de que Jurgens dejara la serie, lo utilizarían un par de escritores más hasta que entrase en un merecido y bendito limbo.

De más esta decir que la Liga de Jurgens (que por otro lado es muy corta, 20 números o algo así) no ha pasado a la historia bajo ninguna forma. Es, antes que otra cosa, el preludio de una etapa oscurísima, patética y llena de tics de los 90s cuya expresión más acabada veremos a continuación.




Justice League of America #00, Justice League Task Force #00, Extreme Justice #00 (1994).

Nada habla peor de un relanzamiento que iniciarlo con un retcon. Y eso fue exactamente lo que sucedió en este caso. Todo se inicia en Justice League of America 92, Justice League Task Force 16 y Justice League International 68. En esos tres números de golpe aparece un personajito llamado Will MacIntyre que supuestamente había participado en la primera aventura de la Liga y luego había sido desplazado en el tiempo. Libre al fin (producto de Zero Hour, cuando Zero Hour se suponía que iba a ser algo importante) Will se encuentra con un equipo de la Liga compuesto por gente como Tasmanian Devil y L-Ron en el cuerpo de Despero, un equipo de mierda al que él tampoco contribuye con su insoportable actitud soberbia y sus estúpidos poderes que tienen algo que ver con el magnetismo de la tierra o algo así. Sin embargo, logran triunfar contra unos aliens que parecen gelatina de uva y justo cuando estaban a punto de bien venir al idiota este, la página se pone en blanco por Zero Hour, que tenía esa gracia, como los números de Invasion que eran tie ins de la Gene Bomb tenían la gracia de que tenían un par de páginas pintadas en NEGATIVO. Los cross-overs, siempre a la vanguardia de la utilización de la novedosa tecnología de la imprenta en formas inventivas.

De más está decir que, a esta altura, de la Liga de Giffen solo quedaban un par de nombres, un instinto devaluado de hacer malos chistes y la idea de que la Liga se podía sostener solo con segundones y sin ningún tipo de talento. No debemos, sin embargo, ser tan duros con el equipo creativo de la época, compuesto por algunos tipos muy buenos como Mark Waid y Christopher Priest (y por Howard Porter). Pero DC Comics en ese tiempo no tenía una idea muy clara de que es lo que quería que fuese la JLA, más que ordenar personajes de manera aleatoria en distintos equipos, porque había que mantener al menos tres series, un legado del éxito de la era Giffen pero también del exitoso ejemplo de los X-Men.

Luego de Zero Hour, las cartas cayeron así: en primer lugar, un equipo liderado por Wonder Woman con varios segundones, Flash y Nuklon y Obsidian. Debo decir que yo siempre le vi potencial a este grupo, a pesar de que jamás llegó a cumplirlo. Me gusta mucho el segundo look de Metamorpho, me gusta cuando los héroes adolescentes se gradúan a equipos “grandes”, me gustaba ese Hawkman medio salvaje e indígena que había salido de Zero Hour. En segundo lugar, un grupo llamado Justice League Task Force que era como un “equipo en entrenamiento” dirigido por el Martian Manhunter, que contaba entre sus filas al joven y promisorio Triumph al lado de “viejas glorias” como Gipsy (lo cual te hace preguntar: si 10 años después de la Liga de Detroit Gipsy aún es considerada material de entrenamiento, ¿qué tan laxos eran los estándares de Aquaman, que la dejó entrar así como así?). Obviamente este equipo nunca llegó a ningún lado.

Y, por último pero no por ello menos importante, EXXXTREEEEMEEEE JUSTICE. Liderado por el Capitán Atom, con Booster Gold en una armadura ridícula, Blue Beetle caminando como un insecto y con ojos gigantes, Maxima y un negro. Con dibujos dinámicos de Marc Campos, también conocido como el hijo ilegítimo de Rob Liefeld y Bart Sears, de la escuela internacional de músculos + cromado, y guiones del afamado mundialmente Dan Vado, esta serie lamentablemente no duraría mucho más de una docena de números.

El jóven Triumph finalmente venderá su alma al diablo pero de manera tan patética que ni siquiera se dará cuenta, y luego terminará viviendo en las calles y siendo engañado por un pequeño duende de la quinta dimensión. Al final, la estatua de hielo que alguna vez fue su cuerpo será destruida porque Grant Morrison se olvidó de sacarla de los cuarteles generales de la Liga antes de volarlos por los aires.

(Próxima y última entrega: de Morrison a Johns, con un hijo de puta en el medio).

viernes, 25 de enero de 2013

El Proyecto JLA (Parte 01).

(Siendo un análisis extremadamente prolongado de cada relanzamiento del famoso grupo de superhéroes escrito por alguien que debería utilizar su tiempo en cosas más productivas). 

Ha sido un largo año de rayos y centellas en el cual el New 52 ha demostrado no ser todo aquello que se esperaba que fuese. En su momento, cuando salió el número 1 de la Justice League, una idea germinó en mi cerebro: ¿Qué tal si hago una reseña de cada relanzamiento de la Liga de la Justicia? Era un proyecto que encajaba perfecto en mi amor por todas las cosas seriadas, los problemas de continuidad y la idea de que un mismo concepto puede disfrazarse de distintas cosas a medida que pasa el tiempo.
Luego me olvidé de ello, y a medida que leía el nuevo DC la verdad que mis ganas se disiparon. Pero en algún momento del año pasado el proyecto reflotó y escribí una cosa larguísima, en la que descubro varias cosas y me decepciono otro tanto. Como es muy largo, va a ir en tres posteos consecutivos. Aquí va el primero, que cubre sus encarnaciones clásicas.


The Brave And The Bold #28 (1960).

La historia que lo inició todo, aquella en la que se juntan un montón de héroes de DC Comics por primera vez para derrotar al poderoso Starro (y espero que no estén dispuestos a burlarse de Starro: Starro es un gran concepto, un gran diseño). La tapa lo dice todo: Starro gris con brazos curvados contra esos tipos vestidos en colores brillantes. Siempre que la veo pienso que Hal Jordan está disparándole al escudo del Capitán América.

Es un primer comic de un grupo de superhéroes atípico y raro: no es un origen secreto porque cuando comienza la historia los héroes ya están juntos y tratan el estar en la Liga como un trabajo secundario de oficina. De hecho, el comic es, en realidad, el origen secreto de Snaper Carr, el insoportable compañero juvenil de la Liga. Es un “young hipster” que habla en un lenguaje lleno de concatenaciones musicales, se viste como un publicista que va a jugar al golf y corta el césped del jardín de sus padres sin un pero. Es notorio lo conservador de la Liga, cosa que se refleja en los dibujos rígidos y de cuerpos siempre iguales de Mike Sekowsky. A los hombres les faltan solo corbatas finitas y un saco para comenzar a tipear documentos del gobierno. Sin embargo, hay un excelente panel del cuartel general de la Liga que incluye sillas gigantes, tubos de ensayo y las escaleras más cincuentosas que vi jamás.

















También sorprende lo mucho que la revista está orientada a cierto didactismo, con páginas dedicadas a la clasificación de estrellas de mar o explicaciones sobre que es un tornado. Todo esto al lado de páginas donde Aquaman habla con su mejor amigo el pez inflable (quién, de hecho, es el que provee vital información sobre Starro) o Wonder Woman utiliza un edificio como un especie de ski para “cabalgarlo” hasta el suelo (y ese mismo edificio está lleno de “las mentes científicas más brillantes”). Es un comic sin concepto más allá de “acá están los héroes más grandes de nuestro universo”. Ya en este primer número re-introduce el formato “nos dividimos, peleamos cada uno con un villano y luego nos reencontramos en el final” que plagaría a la serie durante años. Además es curioso que a pesar de que el “of America” está en la tapa, en el interior casi siempre se nombra al grupo solamente como Justice League, iniciando una discusión estéril que se prolonga hasta el día de hoy sobre si el agregado “America” la vuelve reduccionista y patriotera, cuando en realidad es solo una referencia a la Justice Society, que en su momento si tenía un motivo importante para llamarse “Of America” (y ese motivo en pocas palabras se reduce a ¡HITLER!).

Para encontrar el primer origen de la Liga hay que remontarse al número 9. Esta historia será, con mayores o menores diferencias, el origen oficial hasta el New 52 (es curioso como, a pesar de que se discute interminablemente por cosas menores como si Wonder Woman estuvo o no estuvo ahí, las bases fundamentales siguieron siendo las mismas hasta DiDio). Caen varios meteoritos a la tierra procedentes de la avanzada civilización de Appellax. ¡Su rey ha muerto! Para seleccionar al seguidor hay que combatir en un planeta similar al suyo transformando a los nativos en soldados para la causa.

Este número, así como su primera aparición,  revela en su selección de villanos la resaca del DC de los 50s, con sus aliens absurdos y sus amenazas del espacio exterior que podían o no ser comunistas. Es bastante, bastante aburrido (lo impredecible nunca fue el fuerte de Gardner Fox). La misma mecánica del número original, se separan, luchan, luego se encuentran y con una combinación de suerte y Aquaman frotándose contra el anillo de Green Lantern, logran volver astillas a un alien (literalmente). Se dan cuenta que son muy efectivos juntos, entonces deciden seguir luchando juntos. Una vez más: un libro sin concepto. Ya sé que mucha gente habló de la rigidez de los comics de DC en los 60s pero nunca la había experimentado totalmente. Con razón Marvel les pasó por encima.


Justice League of America #78 (1970).

El primer cambio radical en la forma de operar de la Liga, quizás el primer relanzamiento posta, aunque sea a la antigua usanza: en la misma serie y solamente cambiando el escritor o dibujante. En este caso, entra Denny O’Neill, el primero en escribir la serie luego de Gardner Fox y el primero en hacerlo de una larga lista de ex – alumnos de Marvel (a pesar de la brevedad de su pasaje por la Casa de las Ideas) que incluiría a Steve Englehart, Gerry Conway y Len Wein, quienes, entre todos, prácticamente escribirían la totalidad de la serie original de la Liga hasta su cierre a mitades de los 80.

El sacudón que le pega O’Neill a la Liga en realidad se inicia unos cuantos números antes, con la desaparición de Wonder Woman, coincidiendo con la perdida de sus poderes y su conversión en una heroína groovy de los 60s con sirviente chino llamado I-Ching (también escrita por él en el propio título de WW). Luego se marcharía J’onn J’onzz, en una historia que introducía a unos marcianos pálidos que volveremos a encontrar. Solo un par de números más tarde, O’Neill borraba al insoportable Snapper Carr, en una historia que lo cubría de ignominia. O’Neill también cambiaría a Green Arrow de blando y aburrido tipo que tira flechas a enojado combatiente de los problemas sociales con barba de chivo.

Este número es famoso porque presenta por primera vez al satélite de la Liga, que se volvería la base de operaciones por antonomasia durante sus años más dorados. Al mismo tiempo, la operación de saneamiento de O’Neill está apuntada a poder utilizar personajes que no necesariamente tuviesen sus propios títulos y a introducir algunos temas “sociales” o “políticos”. En este caso, una parábola ejemplificadora sobre la polución y la contaminación entregada con indignación por Green Arrow. En otras palabras: O’Neill intentaba volver a la JLA algo más parecido a un comic de Marvel, con el mismo estilo: mayor interacción entre los personajes (es el responsable del romance Black Canary – Green Arrow), una pátina de conciencia social totalmente removible y pasajera, una mezcla de grandes con héroes menores pero más desarrollables y un sentido cósmico gigantesco. Y es una formula que va a durar bastante tiempo y será bastante popular.   

En cuanto a los dibujos, a esta altura los realizaba Dick Dillin, uno de esos tipos que se murió antes de que los fans rescaten sus buenas cualidades de trabajador constante. Sus dibujos no son nada del otro mundo, pero se nota algo muy puntual y ese algo muy puntual es NEAL ADAMS. Después de Neal Adams, era claro que no se podía volver a dibujar como Mike Sekowsky en los primeros números de la Liga. Hay perspectivas raras y cuerpos dibujados con mayor precisión anatómica, además de que a Dillin le gusta la figura del cuerpo en movimiento / o volando cosa que es muy Adams (yo siempre me acuerdo de ésta página). En pocas palabras, un aggiornamiento que permitiría a la Liga soportar muy bien los 70s.


Bonus track!
Justice League of America #144 (1977).

Steve Englehart, otro discípulo de Stan (pero mucho más empapado del estilo), le daría a la Liga otro proto-origen. La historia se lee como la respuesta a un no-prize por el cual nadie se quejó: Green Arrow descubre que el origen de la Liga tiene “inconsistencias” que tienen que ver con una diferencia de meses con respecto al momento en que Green Lantern comenzó su carrera (!!). Entonces confronta a Superman y al mismo Lantern, quienes le explican que habían tenido una aventura anterior, en contra de los marcianos blancos con los cuales la raza verde de J’onn J’onzz ha estado en guerra civil durante años, pero que no lo habían confesado para no despertar la paranoia antimarciana de mitad de los 50s. Es un caso interesante que nos lleva a preguntarnos ¿es acaso J’onn J’onzz un comunista? (los blancos, claramente, serían los zaristas). A lo cual contestamos: probablemente si, pero es un comunista convertido, que vio en Estados Unidos la tierra de la oportunidad perdida en su propio planeta.

Además, la historia le sirve de excusa a Englehart para desempolvar a un montón de héroes activos a finales de los 50s pero que tenían más en común con la Golden Age, incluyendo a los Challengers of the Unknown, los Blackhawks y Plastic Man, para mandarlos en una persecución inútil contra los héroes de ciencia ficción con los que DC sobrevivió la década McCartista (Adam Strange, Rip Hunter) sin lograr alcanzarlos, lo cual explica la superioridad de la ciencia sobre la aventura, o algo.


Justice League of America v1 Annual 2 (1984).

Bueno, acá las cosas se comienzan a poner interesantes. En un mundo en el cual ya habían sucedido los X-Men, los Teen Titans y la Legión de Superheroes de Paul Levitz y Keith Giffen, la Liga de la Justicia parecía una reliquia de otro tiempo (de algún modo, siempre lo fue) y Gerry Conway, el último de los guionistas de su etapa clásica, estaba dispuesto a corregirlo utilizando todas las estrategias de esas series, los últimos grandes éxitos en el mercado superheroico yankee, que pudiese robar. Por supuesto, detrás del razonamiento también continuaba la tensión que se va a sentir en la Liga a lo largo de toda su historia: ¿grandes o pequeños? ¿héroes que pueden cambiar dentro del comic o héroes cuyos destinos están controlados en cientos de otras series?

Conway, entonces, lanza su nuevo equipo lidiando con las consecuencias de una “Guerra Marte / Tierra” que había sacudido a la Liga meses antes, causando la destrucción de su adorado satélite y la casi total dominación de nuestro planeta. Es interesante observar que la idea, muchas veces repetida, de J’onn J’onzz como “el alma de la Liga” se observa en la realidad y que muchos de los cambios de la Liga han estado directamente relacionados con historias que lo involucran. Aquaman considera que el problema de la Liga es que sus miembros no interactúan lo suficiente, que no viven y entrenan juntos, y por ello les plantea a los héroes más prominentes la opción: o la Liga o sus vidas. Y la mayoría, con la excepción de Zatanna, Elongated Man y un reaparecido J’onn, deciden abandonar la casa del árbol que los había cobijado desde los sesentas.

A partir de allí, Conway introduce a Vixen, Steel, Vibe y Gipsy. El segundo es un musculoso de acero envuelto en la bandera norteamericana. Los otros tres son espantosos estereotipos raciales. Acá Conway está intentando incorporar la vibración mundial que se había visto en los supergrupos desde el lanzamiento de Giant Size X-Men pero (nunca un gran escritor, el buen Gerry) con resultados hilarantes. Vibe habla todo el tiempo con términos como “chu” (you), “pescado” o  “mamacita”. Gipsy camina con los pies descalzos y es misteriosa y ladrona, como buena gitana. Vixen es tan pero tan pero tan parecida a Wolverine que me sorprende que Marvel no haya hecho un escándalo. Y con respecto a los personajes antiguos, Aquaman, sin querer caer en el lugar común de reírse de Aquaman (que no comparto) no sirve realmente como líder. No como líder de la Liga, al menos. Aquaman en Atlantis reina y alguien, alguna vez, escribirá esa gran serie de aventura submarina e intriga palaciega que esta esperando ser escrita con Aquaman. Fuera de Atlantis, Arthur Curry puede ser a) el outsider o b) el recio gobernante de los mares que está por encima de ti y no le molesta hacértelo saber. Puede ser J’onn J’onzz o Namor. Pero no mucho más. No inspira el asombro que un gran líder sobre tierra debería tener y queda muy chico al lado de gente como Superman.

Los dibujos de Chuck Patton, por su parte, trasladan esta mediocridad general al trazo. Patton es uno de esos artistas totalmente intrascendentes, jornaleros, como les dicen en Estados Unidos, que nunca molestan pero tampoco descollan. Sin embargo, es infinitamente inferior a los artistas de su misma categoría de años anteriores. Pertenece a una generación de los 80s que lo único que absorbió de George Perez es su capacidad para dibujar muchos personajes. Es blando. En ningún momento parecería estar dibujando personas reales, sino juguetes con expresiones variables. Se ubica en algún lugar de la cadena que va de Sal Buscema a Ron Lim.

Luego, Conway y Patton hacen que la Liga se mude a Detroit, a una fábrica abandonada reconvertida y aprovechan la oportunidad para introducir un montón de personajes negros que hablan como si fuesen blancos con blackface en los años 30. Hay un poco de nobleza en el intento de Conway: quería que la Liga fuese moderna, quería que la Liga le hable a una generación acostumbrada a un nuevo tipo de superhéroe que podía gesticular débilmente hacía ciertos problemas sociales dentro de su propio envoltorio, quería más interacción entre sus personajes (hay una escena de seducción de Zatanna que es, literalmente, increíble), quería introducir personajes nuevos que pudiesen crecer dentro del propio comic y, quien sabe, quizás algún día volverse favoritos de los fans, quería ampliar su base étnica. Pero, alas, pobre Gerry, no tenía el talento necesario. Muchos de estos personajes serían reutilizados de manera interesante por gente con más cancha (como John Ostrander y el mismo Giffen) pero la JLA de Detroit estaba condenada desde sus inicios. 

(En la próxima entrega: como Giffen ganó el oeste y como lo perdieron).